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Ecuador 01/2018

El día 11 de enero de 2018 el Viajero Solitario se dirige a Quito en cuya ciudad ya tiene reservado alojamiento para cuatro días. Como viene siendo habitual en él, mantiene la estrategia de la improvisación. Su idea genérica es viajar por el país pero no tiene diseñada ninguna ruta concreta. Sobre la marcha decidirá los pormenores de su viaje.



COMIENZO DEL VIAJE 10 y 11/01/2018

El viajero toma el tren Altaria en dirección a Madrid. Allí le esperan sus cuñados. En el asiento contiguo una amable compañera de viaje se encuentra atareada con su dos móviles (en adelante celulares) y su ordenador portátil (o computadora) mandando y recibiendo mensajes y analizando documentos con evidente eficiencia. En los escasos momentos en que mantiene apenas una escueta y breve conversación, le informa al viajero que a través de su celular puede bajarse una aplicación para consignar los datos de su reserva y presentarlos en la ventanilla de embarque. 

Jose y Vicente le reciben con toda clase de atenciones como es su natural costumbre. Después de una sabrosa cena y una amena conversación se retiran a descansar. Al día siguiente Jose le traslada a la terminal 4 y le despiden deseándole un buen viaje.

La T4 es un enorme monstruo de hormigón con grandes cristaleras tapado con una estructura de madera, que al viajero se le antoja similar a la quilla de un barco o al esqueleto de un reptil de inmensas proporciones.

Para facturar el equipaje hay que realizar  un quebrado trayecto que, al avanzar, deja al ansioso viajero prácticamente en el mismo lugar del que había comenzado su ruta, tras varias vueltas por el trazado. El camino flanqueado por unas cintas consigue convertir los escasos 15 metros de distancia desde donde comienza la ruta hasta los puestos de recogida y facturación de equipaje en cerca de 150 metros. Los pasajeros circulan con sus carritos por el laberinto y van facturando su equipaje. El viajero en este viaje solo lleva una maleta y una mochila y en la mano el celular. La amable azafata de facturación le pide su pasaporte y le indica que deposite su maleta en la cinta transportadora, imprime una tarjeta y coloca una cinta en la maleta y una pegatina en la tarjeta, entonces el viajero le enseña la imagen del celular y ella le responde que no es necesario que ya tiene su tarjeta. El viajero ríe divertido pensando que todo el esfuerzo por bajarse la APP no le ha servido de nada.

Con la duda de si su maleta llegará a su destino inicia su peregrinación por la terminal. Después de un largo trayecto se topa con el control de seguridad, deposita los objetos metálicos y su ropa de abrigo en una bandeja, la computadora y el material fotográfico en otra y, en una tercera, sus botas y el cinturón. Pasa por el arco y pita. Le hacen colocarse encima del dibujo de unos pies y le pasan una tira de papel por las manos y cintura advirtiéndole que es un control de explosivos, deben repetir la prueba dos veces generando la inquietud del viajero. Después le hacen abrir la mochila para identificar un objeto sospechoso, el disco duro externo de la computadora y nuevamente, y por tercera vez, le vuelven a hacer el control de explosivos. Tras superar con éxito las pruebas le desean feliz viaje. 

Ya se encuentra en disposición de iniciar el peregrinaje hasta acceder a la puerta de embarque S44. Sigue las indicaciones  de los paneles informativos que le van llevando por un intrincado camino subiendo escaleras mecánicas atravesando toda suerte de tiendas y restaurantes y puestos móviles donde se ofrecen toda clase de productos de regalo, toma un ascensor que le traslada al andén de un modernísimo tren sin maquinista que tras 15 minutos le lleva a la zona de embarques. Tiene que tomar de nuevo un ascensor y, al fin, conecta con un interminable y ancho pasillo en donde se encuentran las diferentes puertas de embarque, comprueba que está en la puerta de embarque S25 y que todavía le quedan otros quince minutos para llegar a la S44. Harto ya del largo peregrinar llega a la puerta asignada 30 minutos antes del horario de embarque, una enorme cola de personas de pie haciendo fila se encuentran apostadas en el lugar.
El viajero medita y desaprueba esa forma borreguil de comportamiento humano. Toma asiento sin importarle lo más mínimo aguardar fila con la seguridad de que el orden de embarque alterará el orden de colocación en la fila.

Se confirman las sospechas y, sin necesidad de mantenerse de pie esperando, accede de los primeros, dado que su asiento se encuentra en el final de la aeronave.

Como es habitual la salida se demora porque uno de los pasajeros no se presenta y deben retirar su maleta de la bodega. Una hora después despegan.

El compañero de asiento es un ecuatoriano que lleva 18 años en España y viaja junto a dos de sus hermanos por el fallecimiento de su madre; prácticamente se ha pasado todo el viaje dormido y con escasa conversación, lo que ha permitido al viajero centrarse en la lectura alternando con alguna cabezadita.

A pesar del retraso en la salida el avión solo se ha demorado media hora respecto al horario previsto de llegada. En el aeropuerto ha tomado un autobús y posteriormente un taxi hasta llegar al hotel aproximadamente a las 21h hora ecuatoriana. Una cena en el hotel y a descansar del largo viaje. Por suerte no le ha atacado el soroche o mal de altura.
 

PRIMERA IMPRESIÓN DE QUITO 
Viernes 12/01/2018

Se levanta temprano y descansado a las 6:40h sale un momento a la calle y caminando escasos metros, haciendo tiempo para el desayuno, se topa de lleno en la Plaza de San Francisco lo que le produce una agradable impresión como promesa de un día de disfrute visitando la ciudad.

Toma un sabroso y variado desayuno y se dirige a pie paseando por las calles del casco histórico de la ciudad con lento caminar en previsión de evitar el temido mal de altura. La mañana es fresquita y lleva su ropa de abrigo, pero a medida que avanza comienza a sentir calor. Se aprovisiona de una tarjeta para su celular y de adaptadores para los enchufes y vuelve al hotel cambiándose de ropa y metiendo la cámara y los objetivos en su chaleco de viaje.

Tiene la experiencia de utilizar el primer día realizando el recorrido en el bus turístico que traslada a los turistas por los lugares más característicos y emblemáticos de la ciudad ofreciendo toda clase de explicaciones. Se pueden realizar paradas y tomar el siguiente bus lo que permite sacar fotos.

Así ha transcurrido prácticamente toda la jornada. Por la tarde una enorme tormenta ha anegado las calles y ha producido un enorme caos circulatorio lo que ha propiciado que prudentemente se haya trasladado al hotelito: El Portal de Catuña una casona restaurada y convertida en hotel con encanto que conserva el mobiliario y las dependencias. El personal es encantador y atento a cubrir cualquier necesidad que precisen los clientes con un trato familiar y cercano que hace que el viajero lo adopte como su hogar.



Casco histórico de Quito


VISITANDO MUSEOS 
Sábado13/01/2018

En este día el viajero se ha dedicado visitar museos y a caminar por las calles, nuevamente las tormentas le han obligado a regresar pronto al hotel.

En primer lugar ha visitado el museo Alabado situado a escasos metros del alojamiento. Se trata de un museo con ocho salas en las que se expone una gran cantidad de piezas precolombinas está muy bien organizado y presentado.

Posteriormente ha ido callejeando por las calles del centro histórico, tras una pequeña parada para repostar, degustando una sopa de quínoa y un ceviche en un restaurante situado en los bajos de un teatro abandonado próximo a la Plaza Chica, un café en una terraza de la plaza  y un

Paseo por la Plaza Grande llena de gente y con representaciones de titiriteros.

A un lado de la plaza se encuentra el Centro Cultural Metropolitano que albergaba una magnífica exposición sobre indigenismo arte y política con el título de “desMARCADOS”

De noche se permite el lujo de tomar dos cervecitas en la cafetería de Casa Gangotena un hotel de lujo próximo al Portal de Catuña donde se hospeda.
  Museo Alabado

OTRO DÍA DE MUSEOS 

domingo 14/01/2018 

Hoy domingo toca conocer el Museo de Arte Precolombino Colonial Moderno de la fundación Guayasamin. Dispone en un amplio espacio situado en la parte norte de Quito en la Loma de Guangüiltagua o "Loma de las Cuatro Aguas" en el que se encuentran:
- El Museo del Sitio: con restos arqueológicos
encontrados al realizar la construcción de La Capilla del Hombre. Se trata de una colección de vasijas y algún resto humano expuesto al aire libre, único lugar permitido para fotografiar.
- La Capilla del Hombre: Es un Centro Cultural que surge como respuesta a la necesidad de rendir homenaje al ser humano, a sus pueblos, a su identidad. Es un espacio que invita a la reflexión de la historia desde el punto de vista de América Latina, con nuestros logros y sufrimiento, para proyectarnos al futuro. Un futuro mejor, solidario y justo para con nosotros mismos. Se identifica con los desposeídos de la tierra, los pueblos discriminados, las mujeres, los niños, las víctimas de las guerras y las torturas de toda especie.
En el entorno de La Capilla del Hombre se conjugan, su arquitectura impresionante, los cuadros, murales, esculturas, sus espacios abiertos y el mensaje de compromiso con los Derechos Humanos, la Paz y la Solidaridad, que impactan al visitante.
Fue declarada por la UNESCO como "Proyecto Prioritario para la Cultura", así como “Patrimonio Cultural del Estado Ecuatoriano” por el honorable Congreso Nacional. 
- La Casa Museo: Es la residencia donde el
maestro ecuatoriano Oswaldo Guayasamín vivió, se inspiró y trabajó en sus últimos años. La Casa-Museo Guayasamín permaneció cerrada durante 13 años, hasta que en el año 2012 se pudo cumplir su voluntad, y se abrieron sus puertas  al público. 

Tratando de respetar su memoria y su intención, se ha hecho un gran esfuerzo para conservarla en gran parte tal como el la dejó. Alberga una parte muy representativa de sus colecciones de arte Precolombino, Colonial, y Contemporáneo del Ecuador, así como objetos y arte del mundo entero. 
Está situada en Quito, en uno de los lugares más pintorescos de la ciudad -la loma de Guangüiltagua-, con una visibilidad privilegiada hacia el occidente de la ciudad, y del todavía activo volcán Pichincha. Es así que, en este espacio de arte y cultura, se conjugan: la pasión con la que Guayasamín seleccionó cada una de las piezas, con el paisaje y naturaleza que la rodean; y que lo acompañaron en su cotidianidad, en sus momentos de compartir con su familia, sus amigos, y que lo inspiraron en su creación pictórica. 
No está permitido realizar fotografías en los interiores como suele ser habitual. Para hacerse una idea se recomienda visitar la Web: http://www.capilladelhombre.com/index.php

Después de la visita el viajero ha dado otro nuevo paseo por el casco histórico y se ha tenido que retirar temprano por las inclemencias del tiempo. Ha cenado en el hotel y se ha retirado temprano con la idea de madrugar y tomar un bus para la ciudad de Francisco de Orellana (El Coca).






DE CAMINO AL ORIENTE

Lunes 15/01/2018

El viajero se levanta temprano y después de desayunar prepara el equipaje para marchar en bus a la ciudad de Francisco de Orellana conocida como El Coca. Bañada por el río Napo y dos de sus afluentes el río Payamino y el río Coca.

En el hotel le facilitan un taxi que le lleva a la terminal terrestre Quitumbe; los accesos a la terminal están en obras por una de las entradas y el taxi le deja en las proximidades. Para su sorpresa le pide doce dólares que se le antojan una cantidad excesiva, entregándole una tarjeta para que cuando vuelva a Quito utilice sus servicios. Naturalmente que evitará hacerlo porque  seguro que encuentra precios mucho más económicos. Después de un largo recorrido por las instalaciones atravesando tres grandes edificaciones llega a al edificio de la boletería. Es una extensa terminal semejante a la de un aeropuerto. Asciende por indicaciones a la segunda planta y como le suele ocurrir la boletería de oriente se encuentra en el lugar más alejado. Toma un billete por 14 dólares y se traslada a la terminal de buses a través de un puente de comunicación.
Una vez en la Terminal descubre que el andén 33 del que parte el bus es el último y que tiene escasos 5 minutos para llegar. Acelera el paso arrastrando la maleta y llega, perdido el resuello, al lugar donde debe estar su bus, pero se encuentra ocupado por otro vehículo. El chofer le indica que el suyo llegará pronto, pero se demora media hora. Pregunta al muchacho que revisa los billetes y recoge las maletas si ese es el bus que va a Coca y el muchacho le responde que va a Lago Agrio, comprueba el billete y le indica que espere al chofer. Cuando llega el conductor le asegura  que va a Coca y monta en el vehículo. En el bus hay solamente un padre con su hijo y se sienta. El autobús inicia su marcha con solo tres pasajeros y el padre sorprendido se dirige al viajero comentando que sólo van tres a lo que el viajero le responde que seguramente recogerán otros pasajeros, recordando una situación parecida en un viaje en Paraguay desde Ayolas a Asunción.
Como se temía el bus va recogiendo viajeros por todo el trayecto, gente que sube y baja en un constante devenir de innumerables paradas. En muchas de ellas aparecen vendedores de tortas, jugos, fruta y charlatanes que por un  dólar te ofrecen polvos para blanquear los dientes y te regalan un cepillo, cargadores de celular o linternas maravillosas; hasta un cantante de rap vendiendo chicles.
Se adivina un precioso paisaje entre montañas henchido de vegetación tropical, que apenas puede disfrutar por la lluvia y la niebla, que le acompañan a lo largo de todo el trayecto. La carretera serpentea en constantes ascensiones y bajadas a pruebas de frenos. Una parte del trayecto se le antoja similar a la “carretera de la muerte” en Bolivia con la diferencia de que ésta es un poco más ancha, asfaltada y con quitamiedos en las zonas de mayor riesgo de caída.
En la ventanilla de la boletería le habían informado que la duración del trayecto era de seis o siete horas. Al llegar a Lago, el chofer se excusa diciendo que no le puede llevar Coca porque tiene que socorrer a otro bus, pero que el bus de al lado le llevará en una hora a Coca, sin tener que abonar cantidad alguna. Cambian el equipaje y le dan tres minutos para ir al baño, al regresar observa que el bus ha iniciado su marcha y con la sensación de perder el equipaje inicia una carrera alcanzándolo en la salida.
-Bien empezamos – comenta para sus adentros-
Cada poco el autobús recibe y despide pasajeros, las paradas cada vez son más frecuentes. Incluso los más jóvenes se suben y bajan en marcha. La paciencia del viajero flaquea, pero no se rinde a la desesperanza.
En Sacha se baja el conductor y paran durante más de diez minutos. Después de casi nueve horas de viaje llegan a Coca, toma un taxi hacia el hotel, deja su equipaje y se va a un restaurante a degustar un sabroso lomo de res (solomillo). Repuesto se retira al hotel Heliconías a  escribir esta crónica.



SALVADO POR DOS AMABLES SEÑORAS
Martes 16/01/2018

El día amanece nublado, preludio de otra jornada de lluvia e inestabilidad atmosférica. Tiene previsto visitar el Museo Macco de la ciudad. Juan Hermoso, su cuñado, colaborador necesario que diseño el logotipo y la cartelería de los paneles informativos del museo, le ha puesto en contacto con Álvaro Gundin, director del museo, que amablemente le ha realizado una visita guiada y con el que ha compartido almuerzo: un pescado asado a la parrilla envuelto en una hoja de bijao, “maito”. 
En la conversación ha podido saber que la ciudad inicialmente se llamaba “Coca”, San Antonio de la Coca, posteriormente cambió su nombre por el de Francisco de Orellana que pasó por este lugar en la expedición que descubrió el Amazonas. Lo cierto es que la gente continúa llamándole El Coca, lo que ha servido en algún momento al viajero de confusión al pensar que eran lugares distintos.
Otro dato de interés es que el nombre que aparece en algunos mapas es el de Puerto de Francisco Orellana, que efectivamente esa era su condición, un puerto fluvial. La conformación actual de la ciudad apenas tiene mucho más de sesenta años. A mediados del siglo XX, tan solo algunos misioneros, caucheros e indios habitaban el lugar; en ese entonces esta era considerada una zona remota y abandonada. Desde el descubrimiento de petroleo en la zona la población ha aumentado rápidamente, gracias a la llegada de colonos, principalmente de la sierra y de algunas provincias de la costa (Manabí y Esmeraldas).
Por la tarde después de un reparador descanso ha ido al malecón a adquirir un boleto para viajar hasta Rocafuerte en una lancha; después se ha topado con un grupo de personas que estaban “tomando” y uno de ellos le ha increpado por tomar fotos, diciéndole que ustedes ponen en internet la peor imagen de Ecuador.
El viajero apoyado por alguno de los compañeros del malhumorado le ha aclarado que solamente ha fotografiado el puente y se ha presentado al grupo educadamente a fin de evitar conflictos. Posteriormente ha surgido una amena charla y les ha facilitado un par de dólares para comprar aguardiente, tranquilamente ha guardado su cámara y ha declinado la invitación a los tragos con la excusa de que está enfermo de diabetes y no debe ingerir alcohol. La charla se hacía muy amistosa con constantes saludos con las manos en señal de aprobación y después de anunciar varias veces su despedida, discretamente después de los reiterados y rituales choques de manos unas señoras que se encontraban próximas le han reclamado y tomándole de la mano le han alejado del lugar, le han dicho que tenían un puestito de artesanía en las cercanías y que ese grupo de personas se pasaban el día tomando y que incluso dormían allí, que el lugar al atardecer se tornaba peligroso y que corría el riesgo de le atracaran.
Le han confundido con un religioso y han tratado de darle protección realizando su acto caritativo. El viajero les ha dado muchas muestras de agradecimiento y les ha acompañado parte de su camino.
Al llegar al hotel ha preparado una mochila con lo básico para su visita a Rocafuerte y ha dejado su maleta en depósito hasta su vuelta a Coca.