TRADUCTOR

Ecuador 11/01/2018


El día 11 de enero de 2018 el Viajero Solitario se dirige a Quito, en cuya ciudad ya tiene reservado alojamiento para cuatro días. Como viene siendo habitual en él mantiene la estrategia de la improvisación. Su idea genérica es viajar por el país, pero no tiene diseñada ninguna ruta concreta: sobre la marcha decidirá los pormenores de su viaje.



COMIENZO DEL VIAJE 
Miércoles y jueves 10 y 11/01/2018

Cerámica del Museo Alabados
El viajero toma el tren Altaria en dirección a Madrid. Allí le esperan sus cuñados. En el asiento contiguo, una amable compañera de viaje se encuentra atareada, con su dos móviles (en adelante celulares) y su ordenador portátil (o computadora), mandando y recibiendo mensajes y analizando documentos con evidente eficiencia. En los escasos momentos en que mantiene apenas una escueta y breve conversación, le informa al viajero que, a través de su celular, puede bajarse una aplicación para consignar los datos de su reserva y presentarlos en la ventanilla de embarque. 

Cerámica del Museo Alabados
Jose y Vicente le recogen en la estación de Atocha y le reciben en su casa con toda clase de atenciones, como es su natural costumbre. Después de una sabrosa cena, y una amena conversación, se retiran a descansar.
Al día siguiente, Jose le traslada a la terminal cuatro y le despide deseándole un buen viaje.

La T4 es un enorme monstruo de hormigón con grandes cristaleras, tapado con una estructura de madera, que al viajero se le antoja similar a la quilla de un barco o al esqueleto de un reptil de inmensas proporciones.

Cerámica del Museo Alabados
Para facturar el equipaje hay que realizar  un quebrado trayecto que, al avanzar, deja al ansioso viajero prácticamente en el mismo lugar del que había comenzado, tras varias vueltas por el trazado. El camino flanqueado por unas cintas consigue convertir los escasos 15 metros de distancia, desde el inicio hasta los puestos de recogida y facturación de equipaje, en cerca de 150 metros. Los pasajeros circulan con sus carritos por el laberinto y van facturando su equipaje.
El viajero en este viaje solo lleva una maleta, una mochila y en la mano el celular. La amable azafata de facturación le pide su pasaporte y le indica que deposite su maleta en la cinta transportadora, imprime una tarjeta y coloca una cinta en la maleta y una pegatina en la tarjeta, entonces el viajero le enseña la imagen del celular y ella le responde que no es necesario, que ya tiene su billete impreso. Ríe divertido pensando que todo el esfuerzo por bajarse la APP no le ha servido de nada.

Cerámica del Museo Alabados
Con la duda de si su maleta llegará a su destino, inicia su peregrinación por la terminal. Después de un largo trayecto se topa con el control de seguridad, deposita los objetos metálicos y su ropa de abrigo en una bandeja, la computadora y el material fotográfico en otra y, en una tercera, sus botas y el cinturón. Pasa por el arco y pita. Le hacen colocarse encima del dibujo de unos pies pegado en el suelo y le pasan una tira de papel por las manos y cintura, advirtiéndole que es un control de explosivos; deben repetir la prueba dos veces generando la inquietud del viajero. Después le hacen abrir la mochila para identificar un objeto sospechoso, el disco duro externo de la computadora y, nuevamente, y por tercera vez, le vuelven a hacer el control de explosivos. Tras superar con éxito el exhaustivo examen le desean feliz viaje. 

Cerámica del Museo Alabados
Ya se encuentra en disposición de iniciar el peregrinaje hasta acceder a la puerta de embarque S44. Sigue las indicaciones  de los paneles informativos que le van llevando por un intrincado camino, subiendo escaleras mecánicas, atravesando toda suerte de tiendas, restaurantes y puestos móviles donde se ofrecen toda clase de productos de regalo. Toma un ascensor que le traslada al andén de un modernísimo tren sin maquinista que, tras quince minutos, le lleva a la zona de embarques. Tiene que tomar de nuevo otro ascensor y, al fin, conecta con un interminable y ancho pasillo en donde se encuentran las diferentes puertas de embarque. Comprueba que está en la puerta de embarque S25 y que todavía le quedan otros quince minutos para llegar a la S44. Harto ya del largo peregrinar, llega a la puerta asignada treinta minutos antes del horario de embarque; una enorme cola de personas de pie haciendo fila se encuentran apostadas en el lugar.
Cerámica del Museo Alabados
El viajero medita y desaprueba esa forma borreguil de comportamiento humano. Toma asiento sin importarle lo más mínimo aguardar fila, con la seguridad de que el orden de embarque alterará el orden de colocación en la fila.

Cerámica del Museo Alabados
Se confirman las sospechas y, sin necesidad de mantenerse de pie esperando, accede de los primeros, dado que su asiento se encuentra en el final de la aeronave. La salida se demora porque uno de los pasajeros no se presenta y deben retirar su maleta de la bodega. Una hora después despegan.

Cerámica del Museo Alabados
El compañero de asiento es un ecuatoriano que lleva dieciocho años en España y viaja, junto a dos de sus hermanos, por el fallecimiento de su madre; prácticamente se ha pasado todo el viaje dormido y con escasa conversación, lo que ha permitido al viajero centrarse en la lectura alternando con alguna cabezadita.

Cerámica del Museo Alabados
A pesar del retraso en la salida el avión, sólo se ha demorado media hora respecto al horario previsto de llegada. En el aeropuerto ha tomado un autobús y,  posteriormente, un taxi hasta llegar al hotel, aproximadamente a las 21h hora ecuatoriana. Una cena en el hotel y a descansar del largo viaje. Por suerte no le ha atacado el soroche o mal de altura.
 
NO HAY PRESENTACIÓN



PRIMERA IMPRESIÓN DE QUITO 
Viernes 12/01/2018

San Francisco
Se levanta temprano y descansado a las 6:40h. Sale un momento a la calle y caminando escasos metros, haciendo tiempo para el desayuno, se topa de lleno en la Plaza de San Francisco, lo que le produce una agradable impresión como promesa de un día de disfrute visitando la ciudad.

Toma un sabroso y variado desayuno. Se dirige a pie, paseando por las calles del casco histórico de la ciudad, con lento caminar en previsión de evitar el temido mal de altura. La mañana es fresquita y lleva su ropa de abrigo pero, a medida que avanza, comienza a sentir calor. Se aprovisiona de una tarjeta para su celular y de adaptadores para los enchufes. Vuelve al hotel cambiándose de ropa y metiendo la cámara y los objetivos en su chaleco de viaje.

Tiene la experiencia de utilizar el primer día realizando el recorrido en el bus turístico, que traslada a los turistas por los lugares más característicos y emblemáticos de la ciudad, ofreciendo toda clase de explicaciones. Se pueden realizar paradas y tomar el siguiente bus, lo que permite sacar fotos.

Otra iglesia 
Así ha transcurrido prácticamente toda la mañana.
Por la tarde, una enorme tormenta ha anegado las calles y ha producido un enorme caos circulatorio, lo que ha propiciado que, prudentemente, se haya trasladado al hotelito El Portal de Catuña: una casona restaurada y convertida en hotel con encanto, que conserva el mobiliario y las dependencias originales. El personal es encantador y atento a cubrir cualquier necesidad que precisen los clientes, con un trato familiar y cercano que hace que el viajero lo adopte como su hogar.





Casco histórico de Quito



VISITANDO MUSEOS 
Sábado13/01/2018


En este día el viajero se ha dedicado visitar museos y a caminar por las calles, nuevamente las tormentas le han obligado a regresar pronto al hotel.



Cerámica de Alabado
En primer lugar ha visitado Alabado, situado a escasos metros del alojamiento. Se trata de un museo con ocho salas, en las que se expone una gran cantidad de piezas precolombinas, está muy bien organizado y presentado.

Posteriormente ha ido callejeando por las calles del centro histórico, tras una pequeña parada para repostar, degustando una sopa de quínoa y un ceviche, en un restaurante situado en los bajos de un teatro abandonado próximo a la Plaza Chica. Después, un café en una terraza de la plaza  y un paseo por la Plaza Grande, llena de gente y con representaciones de titiriteros.

Oleo 
A un lado de la plaza se encuentra el Centro Cultural Metropolitano, que alberga una magnífica exposición sobre indigenismo, arte y política con el título:  “desMARCADOS”

De noche, se permite el lujo de tomar dos cervecitas en la cafetería de Casa Gangotena, un hotel de lujo próximo al lugar donde se hospeda.


Museo Alabado




desMARCADOS



OTRO DÍA DE MUSEOS 

domingo 14/01/2018 

Escultura de la Casa Museo
Hoy domingo, toca conocer el Museo de Arte Precolombino Colonial Moderno de la fundación Guayasamin. Dispone en un amplio espacio, situado en la parte norte de Quito. En el amplio recinto puede visitarse:

Museo del Sitio
- El Museo del Sitio: Con restos arqueológicos encontrados al realizar la construcción de La Capilla del Hombre. Se trata de una colección de vasijas y algún resto humano, expuesto al aire libre, único lugar permitido para fotografiar.
- La Capilla del Hombre: Es un Centro Cultural que surge como respuesta a la necesidad de rendir homenaje al ser humano, a sus pueblos, a su identidad. Es un espacio que invita a la reflexión de la historia desde el punto de vista de América Latina, con sus logros y sufrimiento, para proyectarlos al futuro. Un futuro mejor, solidario y justo para con nosotros mismos. Se identifica con los desposeídos de la tierra, los pueblos discriminados, las mujeres, los niños, las víctimas de las guerras y las torturas de toda especie.
Toten
En el entorno de La Capilla del Hombre se conjugan, su arquitectura impresionante, los cuadros, murales, esculturas, sus espacios abiertos y el mensaje de compromiso con los Derechos Humanos, la Paz y la Solidaridad, que impactan al visitante.
Fue declarada por la UNESCO como "Proyecto Prioritario para la Cultura", así como “Patrimonio Cultural del Estado Ecuatoriano” por el honorable Congreso Nacional.

- La Casa Museo: Es la residencia donde el maestro ecuatoriano Oswaldo Guayasamín vivió, se inspiró y trabajó en sus últimos años. Permaneció cerrada durante trece años hasta que, en el año 2012, se pudo cumplir su voluntad y se abrieron sus puertas al público.

Escultura en el jardín
Tratando de respetar su memoria y su intención, se ha hecho un gran esfuerzo para conservarla en gran parte tal como el la dejó. Alberga una parte muy representativa de sus colecciones de arte Precolombino, Colonial, y Contemporáneo del Ecuador, así como objetos y arte del mundo entero.

Escultura en el jardín
Está situada en Quito, en uno de los lugares más pintorescos de la ciudad -la loma de Guangüiltagua o loma de las Cuatro Aguas -, con una vista privilegiada hacia el occidente de la ciudad, y del todavía antivo volcán Pichincha. Es así que, en este espacio de arte y cultura, se conjugan: la pasión con la que Guayasamín seleccionó cada una de las piezas, con el paisaje y naturaleza que la rodean; y que lo acompañaron en su cotidianeidad, en sus momentos de compartir con la familia, sus amigos, y que lo inspiraron en su creación pictórica.
No está permitido hacer fotos en los interiores, como suele ser habitual.
Para hacerse una idea se recomienda visitar:





Casa de Guayasamín
Después de la visita, el viajero ha dado otro nuevo paseo por el casco histórico y se ha tenido que resguardar de las inclemencias del tiempo. Ha cenado en el hotel y se ha retirado temprano, con la idea de madrugar y tomar un bus para la ciudad de Francisco de Orellana (El Coca).







DE CAMINO AL ORIENTE

Lunes 15/01/2018

El viajero se levanta temprano y, después de desayunar, prepara el equipaje para marchar en bus a la ciudad de Francisco de Orellana, conocida como El Coca. Bañada por el río Napo y dos de sus afluentes: el río Payamino y el río Coca.

En el hotel le facilitan un taxi que le lleva a la terminal terrestre Quitumbe; los accesos a la terminal están en obras por una de las entradas y el taxi le deja en las proximidades. Para su sorpresa le pide doce dólares que se le antojan una cantidad excesiva, entregándole una tarjeta para que cuando vuelva a Quito utilice sus servicios. Naturalmente que evitará hacerlo, porque  seguro que encuentra precios mucho más económicos. Después de un largo recorrido por las instalaciones, atravesando tres grandes edificaciones, llega al edificio de la boletería. Es una extensa terminal semejante a la de un aeropuerto. Asciende por indicaciones a la segunda planta y, como le suele ocurrir, la boletería de oriente se encuentra en el lugar más alejado. Toma un billete por 14 dólares y se traslada a la terminal de buses a través de un puente de comunicación.

Una vez en la Terminal descubre que el andén 33, del que parte el bus, es el último y que tiene escasos cinco minutos para llegar. Acelera el paso arrastrando la maleta y llega, perdido el resuello, al lugar donde debe estar su bus, pero se encuentra ocupado por otro vehículo. El chofer le indica que el suyo llegará pronto, pero se demora media hora. Pregunta al muchacho que revisa los billetes y recoge las maletas si ese es el bus que va a Coca y el muchacho le responde que va a Lago Agrio, comprueba el billete y le indica que espere al chofer. Cuando llega el conductor, le asegura  que va a Coca y monta en el vehículo.
En el bus hay solamente un padre con su hijo y se sienta. El autobús inicia su marcha con solo tres pasajeros. El padre, sorprendido, se dirige al viajero comentando que sólo van tres, a lo que el viajero le responde que seguramente recogerán otros pasajeros, recordando una situación parecida en un viaje en Paraguay desde Ayolas a Asunción.

Como se temía el bus va recogiendo viajeros por todo el trayecto, gente que sube y baja, en un constante devenir de innumerables paradas. En muchas de ellas aparecen vendedores de tortas, jugos, fruta y charlatanes que, por un  dólar, te ofrecen polvos para blanquear los dientes y te regalan un cepillo, otros ofrecen cargadores de celular o linternas maravillosas; hasta un cantante de rap ofreciendo chicles se incorpora a la tropa de vendedores. 

Se adivina un precioso paisaje, entre montañas, henchido de vegetación tropical, que apenas puede disfrutar por la lluvia y la niebla, que le acompañan a lo largo de todo el trayecto. La carretera serpentea en constantes ascensiones y bajadas a prueba de frenos.
Una parte del trayecto se le antoja similar a la “carretera de la muerte” en Bolivia con la diferencia de que ésta es un poco más ancha, asfaltada y con quitamiedos en las zonas de mayor riesgo de caída.

En la ventanilla de la boletería le habían informado que la duración del trayecto era de seis o siete horas. Al llegar a El Lago - Nueva Loja-, el chofer se excusa diciendo que no le puede llevar a Coca, porque tiene que socorrer a otro bus, pero que el bus de al lado le llevará en una hora a Coca, sin tener que abonar cantidad alguna. Cambian el equipaje y le dan tres minutos para ir al baño, al regresar observa que el bus ha iniciado su marcha y con la sensación de perder el equipaje inicia una carrera alcanzándolo en la salida.

Bien empezamos – comenta para sus adentros

Cada poco el autobús recibe y despide pasajeros, las paradas cada vez son más frecuentes. Incluso los más jóvenes se suben y bajan en marcha. La paciencia del viajero flaquea, pero no se rinde a la desesperanza.


En Sacha se baja el conductor y paran durante más de diez minutos. Después de casi nueve horas de viaje llegan a Coca, toma un taxi hacia el hotel, deja su equipaje y se va a un restaurante a degustar un sabroso lomo de res (solomillo). Repuesto se retira al hotel Heliconías a  escribir esta crónica.


Hoy no hay presentación



SALVADO POR DOS AMABLES SEÑORAS
Martes 16/01/2018

El día amanece nublado, preludio de otra jornada de lluvia e inestabilidad atmosférica. Tiene previsto visitar el Museo Macco de la ciudad. Juan Hermoso, su cuñado, colaborador necesario, que diseño el logotipo y la cartelería de los paneles informativos del museo, le ha puesto en contacto con Álvaro Gundin, director del museo, que amablemente le ha realizado una visita guiada y con el que ha compartido almuerzo: un pescado asado a la parrilla - tilapia- envuelto en una hoja de bijao, maito. 
En la conversación ha podido saber que la ciudad inicialmente se llamaba “Coca”, San Antonio de la Coca, posteriormente cambió su nombre por el de Francisco de Orellana, que pasó por este lugar en la expedición que descubrió el Amazonas. Lo cierto es que la gente continúa llamándole El Coca, lo que ha servido en algún momento al viajero de confusión al pensar que eran lugares distintos.

Otro dato de interés es que el nombre que aparece

Puente de Coca
en algunos mapas es el de Puerto de Francisco Orellana, que efectivamente esa era su condición, un puerto fluvial. La conformación actual de la ciudad apenas tiene mucho más de sesenta años. A mediados del siglo XX, tan solo algunos misioneros, caucheros e indios habitaban el lugar; en ese entonces esta era considerada una zona remota y abandonada. Desde el descubrimiento de petróleo en la zona, la población ha aumentado rápidamente, gracias a la llegada de colonos, principalmente de la sierra y de algunas provincias de la costa (Manabí y Esmeraldas).

Por la tarde, después de un reparador descanso, ha ido al malecón a adquirir un boleto para viajar hasta Rocafuerte en una lancha; luego se ha topado con un grupo de personas que estaban “tomando” y uno de ellos le ha increpado por tomar fotos, diciéndole:
¡Ustedes ponen en internet la peor imagen de Ecuador!
El viajero, apoyado por alguno de los compañeros del malhumorado, le ha aclarado que solamente ha fotografiado el puente y se ha presentado al grupo educadamente a fin de evitar conflictos. Posteriormente ha surgido una amena charla y les ha facilitado un par de dólares para comprar aguardiente. Tranquilamente ha guardado su cámara y ha declinado la invitación a los tragos, con la excusa de que está enfermo de diabetes y no debe ingerir alcohol. La charla se hacía muy amistosa, con constantes saludos con las manos en señal de aprobación.
Después de anunciar varias veces su despedida, discretamente, tras de los reiterados y rituales choques de manos, unas señoras que se encontraban próximas, le han reclamado, y tomándole de la mano le han alejado del lugar, le han aclarado que tenían un puestito de artesanía en las cercanías y que ese grupo de personas se pasaban el día tomando, que incluso dormían allí,  y que el lugar al atardecer se tornaba peligroso y que corría el riesgo de atraco.
Iglesia Catedral de Coca
Le han confundido con un religioso y han tratado de darle protección realizando su acto caritativo. El viajero les ha dado muchas muestras de agradecimiento y les ha acompañado parte de su camino.
Al llegar al hotel ha preparado una mochila con lo básico para su visita a Rocafuerte y ha dejado su maleta en depósito hasta su vuelta a Coca.



Museo MACCO 



NAVEGANDO POR EL RÍO NAPO
Miércoles 17/01/2018
El viajero madruga para estar en el malecón a las siete de mañana, para embarcar en la lancha que le trasladará a Rocafuerte, navegando río abajo por el río Napo.
Se coloca el chaleco salvavidas, presenta su pasaporte y el boleto al ser llamado. A los dos lados de la lancha se extiende una bancada rudimentariamente tapizada y escasamente mullida. Se acomoda en el asiento designado sin posibilidad de estirar las piernas, porque el pasillo entre las dos bancadas se encuentra repleto de bultos: mochilas, sacos, cajas y toda clase de enseres que transportan los viajeros.
La lancha se desplaza por el río en crecimiento por las lluvias pertinaces de los últimos días, esquivando toda serie de obstáculos, troncos y ramas que arrastra el río, tintado por los limos con un tono rojizo.
La exuberante vegetación de las orillas atrae su mirada. Algunas barcazas surcan sus aguas transportando sus pesadas cargas de materiales y vehículos en dirección a las plantas petroleras.
De vez en cuando, se adivinan algunas construcciones entre el intenso follaje. Por momentos llueve, pero la lluvia no alcanza al pasaje al estar protegido por un toldo.
El permanente zumbido de los potentes motores fueraborda les invita a una duermevela que rápidamente contagia al pasaje. Muchos de ellos se cubren con mantas para protegerse del viento.
Una estela lechosa se extiende por ambos lados de la embarcación muriendo a varios metros a popa.
El viajero observa a los ocupantes: rostros brillantes, ojos levemente rasgados, pelo negro y fuerte, nariz achatada. Rasgos que denotan su condición amazónica.
De cuando en vez, la lancha se arrima a la orilla para recoger o dejar algún pasajero y, las más de las veces, hace sonar una sirena para reclamar la presencia de pequeñas lanchas que, desde la orilla se acercan y, apostadas a babor o estribor, recogen personas y mercancías. Toda una rutina bien aprendida y ensayada.
Pasadas dos horas, el viajero comienza a sentirse incómodo y mira cada poco su reloj, el bello paisaje ya no le atrae del mismo modo y comienza a sentirlo monótono. A ratos cesa la lluvia y el sol asoma tímidamente entre las nubes para ocultarse de nuevo en una especie de juego. 

Cuando llevan más de cuatro horas navegando, desembarcan en una de las orillas donde hay algunas edificaciones de madera - comedor La Delicia, en Panacocha -; apenas veinte minutos para estirar las piernas, vaciar las vejigas y almorzar una sopa y un plato de carne con arroz por dos dólares cincuenta.
Tres jóvenes se presentan al viajero, identificándolo como español, a pesar de que lleva una gorra de Paraguay: Fernando, un chileno; Luis un español de Valencia y su compañera una sueca de Malmö, de la que siempre olvida su nombre.
La navegación se reanuda y se repite el ritual de embarque y desembarque. Comienza a sentir malestar en sus nalgas y se revuelve constantemente en su asiento. Después de más de nueve horas de navegación arriban a su destino. Enfrente del apeadero se encuentra un hotel en el que se van a alojar los tres muchachos y decide alojarse de inmediato por diez dólares: habitación de una cama y dos literas con baño individual.
Pregunta por el padre José Miguel y un paisano se ofrece a acompañarle a la misión capuchina, Fernando siente curiosidad y les acompaña. La misión está cerrada y nadie responde. Una señora les dice que el padre se ha trasladado Pompeya, una de las poblaciones por la que han parado para dejar pasajeros. 
Desandan el camino y paran a tomar unas cervezas en una licorería, otra persona se dirige a ellos y los cuatro comparten bebida y conversación. Al final se quedan el viajero y Fernando hablan de Chile y España; y de educación, curiosamente Fernando es maestro, tarea  que el viajero ha desempeñado gran parte de los cuarenta y dos años de su vida laboral.
Se retiran al hotel a descansar del largo viaje.







PARQUE YASUNÍ Y LAGUNA JATUNCOCHA

Jueves 18/01/2018

El viajero madruga y camina por el malecón hasta llegar al cementerio; dispara algunas fotos de recuerdo y se une a la expedición de los muchachos que conoció en el día anterior, ellos se quedarán de acampada en la laguna Jatuncocha y el viajero regresará al humilde hostal Chimborazo. El guía le pega el sablazo de cien dólares. Tiene la caradura de decirle que el viaje de un día cuesta ciento cincuenta dólares y que a él se lo deja en cien. Como no encuentra otra opción paga la mordida y se embarca.

Navegan en una lancha los tres turistas, el guía y una señora. Dejan el río Napo y, justo en la misma frontera con Perú, entran al río Yasuní. Las persistentes lluvias de estos días han provocado la crecida del Napo y la entrada de agua turbia en la desembocadura del Yasuní; algunas barcas de pescadores se afanan en echar y recoger las redes. El guía explica que, cuando hay crecida, los peces se concentran en el lugar haciendo efectivo el dicho de: “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Algunos delfines, muy atareados, se afanan también en capturar sus peces, asomando sus rosados lomos. El viajero trata de captar la imagen, pero saltan de forma aleatoria en diferentes lugares y, cuando apunta su cámara hacía un lado, saltan en otro. Ante el reiterado fracaso desiste de filmar y se recrea en la contemplación.

Conforme avanzan río arriba, desaparece la presencia de los delfines. De repente, comienza a llover torrencialmente durante unos minutos y, al rato, sale el sol abriéndose paso entre las algodonosas nubes. Se escuchan gran cantidad de sonidos emitidos por diferentes aves - entre las que abundan las oropéndolas -, que únicamente se observan con los prismáticos. El viajero se lamenta de no haber comprado unos.

De pronto, la lancha para sus motores, el guía señala lo alto de los árboles indicando que hay unos monos comiendo sus frutos. Lo cierto es que caen al río unas cáscaras. A pesar de sus esfuerzos, el viajero no logra verlos y tienen que guiarle dándole referencias visuales. Llega a percibir al fin unos bultos oscuros en las ramas y dispara con avidez su cámara, pero necesitaría un zoom mayor para captarlos con nitidez. Después de largo rato de observación, los primates notan la presencia de los intrusos y desaparecen.

Llegan a un embarcadero donde se encuentra la caseta del guarda parques y bajan a tierra. Realizan una breve ruta a pie que al viajero le recuerda sus días de estancia en la selva boliviana.

De camino, el guía ha comprado parte de un bagre, que el viajero ha identificado como surubí, a un pescador que lo acababa de capturar en ese instante con su red. Mientras hacían la caminata la señora lo había cocinado y lo tenían preparado para almorzar.

Terminado el sabroso y nutritivo almuerzo, vuelven a embarcar y continúan río arriba, hasta llegar a una extensa laguna llamada Jatuncocha, que con las lluvias se encuentra turbia pero que mantiene su encanto, reflejando en el espejo de sus aguas en calma, el cielo cubierto de nubes con caprichosas formas. En la orilla preparan el campamento donde sus compañeros pasarán dos noches. Posteriormente tratan de pescar unas pirañas con unas cañas rústicas y cebo de carne, pero no pican.

El viajero es rescatado por la embarcación del guarda parques y regresa a Rocafuerte. Durante la travesía, se interesa por la presencia del militar que se hace cargo del timón de la lancha. El muchacho le explica que, hace unos años, fue objeto de un secuestro de cuatro días por parte de un grupo de indígenas. Desde entonces lleva escolta del ejército.
Aunque en la actualidad no se tienen noticias de muertes violentas, la historia de Yasuní está teñida de sangre: En 1956 cinco misioneros evangélicos norteamericanos, mueren a manos de los waoranis o huaoranis. En 1987 el obispo Alejandro Labaka y la hermana religiosa Inés Arango, corren la misma suerte al tratar de contactar con un grupo waorani: los tagaeri.
De entre los indígenas de la región - sionas, secoyas, cofanes, shuaras, kichwas - los huaoranis son los más belicosos y, aunque muchos ya están civilizados habitando poblaciones de la cuenca del Napo y el Pastaza, otros continúan refugiados en la selva son: "los no contactados"

En la década de los sesenta se produce una intensa colonización de la región, propiciada por la explotación maderera y el descubrimiento del petróleo. Anteriormente Francisco de Orellana, popularmente Coca, era una pequeña población portuaria fluvial en la que estaba asentada la misión capuchina. En Rocafuerte, puerto fluvial fronterizo, solamente se encontraban  edificios oficiales de funcionarios, policías, militares y la misión capuchina.
Los indígenas fueron progresivamente adoptando usos y costumbres de la civilización y empleándose en las compañías madereras y petroleras. Los más remisos, los huaoranis, progresivamente también han ido adaptándose al mundo civilizado, pero todavía queda una minoría que continúa viviendo apartada de la civilización.
Los autodenominados "hijos del jaguar y del águila" son expertos cazadores y conocedores de las propiedades de las plantas, entre ellas el curare: un veneno con el que impregnan unas afiladas flechas que lanzan a través de su cerbatana para cazar; su cosmovisión no distingue lo físico y los mundos espirituales: los espíritus están presentes a través del mundo. Se rigen por códigos morales primitivos, justifican la venganza como acto de justicia. Son hábiles en el manejo de las lanzas, que utilizan atacar o defenderse de extraños y enemigos.
Las denuncias de muertes violentas de taladores ilegales se cruzan con las de huaoranis muertos por taladores. La mayor matanza se produce en el año 2013: un grupo de huaoranis, en venganza, se adentra en territorio de los taromenanes (que algunos consideran emparentados con los huaoranis y, otros, creen que son tribus de origen distinto procedentes de Brasil) y ejecutan a una pequeña comunidad de entre veinte y treinta personas, la incendian y raptan a dos niñas.
El genocidio convulsionó a los ecuatorianos, detuvieron a varios huaoranis, que confesaron la horrible matanza, pero las autoridades ni siquiera fueron capaces de concretar el número de asesinados. Los autores confesos están libres.
Los misioneros capuchinos han denunciado en reiteradas ocasiones la constante agresión de las empresas madereras y petroleras al medio ambiente, pero los intereses económicos hacen que no se intervenga de forma decidida. La reserva habitada por los no contactados se ha reducido considerablemente y, éstos,  se encuentran en claro peligro de extinción.
El gobierno actual, tras un referéndum aprobado mayoritariamente, trata de reducir considerablemente la zona de explotación del parque. Mientras tanto, los habitantes primigenios de la zona viven acorralados y manteniéndose firmes en la defensa de su particular forma de vivir, en su hogar: la frondosa selva. Ellos están completamente desnudos, con una cuerda que sujeta el pene a la cintura; ellas con una prenda en la cintura.
El viajero llega al embarcadero antes de anochecer, le queda tiempo para charlar con un franciscano doctor nefrólogo, de la orden franciscana, que trabaja en el hospital de la misión capuchina. Mientras paseaba por el malecón, se topa con uno de los encargados de la lancha que le había transportado hasta Rocafuerte desde Coca. Intercambian saludos y, en ese momento, sabiendo que quería contactar con el padre José Miguel, le indica señalando a un hombre alto y delgado que ese es el doctor que está en la misión.

El viajero le da las gracias y marcha en su busca acelerando el paso, pero calcula que, por cada una de las zancadas que da el perseguido, él tiene que dar dos o más y, aunque se va aproximando, no logra alcanzarle. En las proximidades de la misión consigue aproximarse lo suficientemente cerca como para llamar su atención y presentarse. El doctor le invita a entrar en la misión y ha tomar un café. Mantienen una amena charla: le dice que es de Zaragoza y que lleva poco tiempo destinado en el hospital. Su trato es muy amable y cordial, con un gran sentido del humor.

Confirmado que José Miguel se encuentra en Coca, se dirige al hostal. Vuelve a encontrarse con el barquero y este le lleva a la lancha para mostrarle la pesca del día: dos barcas llenas de peces y un enorme bagre. Posteriormente le presenta a su familia y le invita a tomar unos chontacuros, unos gusanos que tradicionalmente consumen en la Amazonía y que se crían y alimentan de las hojas de una palmera : la chonta. Con cierta prevención toma el pincho que le ofrecen y, tratando de simular satisfacción, los comienza a consumir. Lo cierto es que reconoce que no están mal y que si se supera la primera impresión son buenos.

Se retira temprano porque al día siguiente debe partir en la lancha a las cinco de la madrugada. Le cuesta conciliar el sueño, hoy han comenzado las fiestas y se escucha la música.



Rocafuerte. Parque Yasuní y Laguna Jatuncocha 


DE VUELTA A COCA

Viernes 19/01/2018

La lancha inicia su recorrido de vuelta a Coca. Como tiene que remontar el río Napo contracorriente, el recorrido se demora casi dos horas más que a la venida. El viajero toma nota de las distintas poblaciones por las que realiza la recogida de pasajeros y enseres. La embarcación no está tan completa como a la ida, lo que supone que hay más espacio para poder acomodarse. En Tiputini, la primera parada, tal como ocurrió en el viaje de ida, un pequeño pelotón del ejército hace el control aduanero y comprueba la documentación de los pasajeros.

Pasan por Puerto Quinche, San Vicente, Chiru Isla y Samona Yuturí, embarcando  desembarcando pasajeros. En algunos lugares la lancha hace sonar la sirena y pequeñas embarcaciones se aproximan colocándose a babor para efectuar el abordaje de pasajeros. El río baja muy crecido y arrastra en su devenir todo tipo de ramas y troncos, que el experimentado patrón sortea con habilidad. Tras casi seis horas de viaje, acompañados con el constante ronroneo de los motores fueraborda, atracan en Panacocha para descansar unos minutos y almorzar. El trasero del viajero agradece la tregua activando de nuevo su circulación. Todavía restan unas cinco horas más.
Trata de imitar a los compañeros de viaje que consiguen dormir pero, a lo sumo, su duermevela no supera más de cinco minutos, consulta su reloj y comienza a debilitarse su paciencia. Cuando siente que se encuentra al límite de perder su ánimo, avista el puente de Coca en la lejanía y lo recupera. Todavía deberá esperar más de media hora para poder desembarcar.

El viajero se dirige al Hotel Heliconías cargado con su mochila. Recupera la maleta que dejó en depósito, se da un baño reparador en la piscina, toma una sauna con yacusi y, repuesto del todo, se cambia de ropa y se va caminando hacia el Vicariato de la Misión Capuchina donde se encuentra Achakaspi (José Miguel). No lo encuentra allí pero le informan que si va temprano, sobre las 7 de la mañana, lo podrá localizar.

Comienza a oscurecer y se retira del lugar, hacia la zona centro, para tomar algo que le restablezca del todo de su largo viaje. Se decide por entrar en una pizzería para variar de los platos de arroz con fríjoles, papás, ensalada plátano y pollo que ofrecen en los restaurantes.

Con el ánimo definitivamente restaurado se retira al hotel; ordena las fotografías y escribe su diario. Lleva un retraso de más de dos días en el blog.


De vuelta  a Coca


ENCUENTRO CON ACHAKASPI
Sábado 20/01/2018
Hoy el viajero ha conseguido localizar a José Miguel Goldaraz, apodado por los nativos como “Achakaspi”, había oído hablar mucho de él a su hermana Sofía y a su cuñado Juan. Un día lo conoció en la puerta de la iglesia de San Antonio de Pamplona; estaba charlando con Miguel Ángel Cabodevilla - otro misionero capuchino comprometido con los indígenas -, Juan y Sofía. El viajero acompañaba a su madre Sofía a la iglesia y se topó con el grupo, tras las oportunas presentaciones, expresó su voluntad de viajar a Ecuador y José Miguel , le dijo que contactara con él.
Al comienzo de la mañana, consigue contactar con el capuchino y le traslada los saludos de Sofía y Juan, estaba presente otro capuchino de Pamplona: José María Sádaba y comparten charla y café. José Miguel le invita a acompañarle a una comunidad Kichwa cercana a Coca: San Pablo. Unas monjitas les trasladan en una vagoneta hasta el lugar. La conductora continúa su ruta a otro lugar de misión y la otra les acompaña: una simpática mejicana que lleva la alegría en el cuerpo. Al llegar a la comunidad les reciben con evidente regocijo, saludos besos y abrazos; un reencuentro lleno de emoción. José Miguel hace poco tiempo que ha regresado al vicariato de Aguarico en Coca desde su destino anterior en Rocafuerte. Le anuncian que se van a bautizar dos niños.
En una edificación céntrica de usos múltiples, para celebrar actos religiosos, reuniones y otros eventos, colocan los bancos una humilde mesa de madera a modo de altar. Una hoja de palma como mantel y sencillas vasijas metálicas para el agua, el vino y las hostias. También las ropas del niño y la niña que van a bautizarse.
En la primara banca se colocan los bautizandos acompañados de los padrinos. La ceremonia se demora varios minutos, mientras que se realizan las pertinentes inscripciones civiles. José Miguel explica que, previamente al bautizo,  se realiza el registro civil,  de este modo se consigue que todos los bautizados consten en el registro civil.
Terminada la parte burocrática, con la firma de los testigos, comienza la ceremonia religiosa en kichwa. El catequista inicia el acto con un cántico, posteriormente procede a las lecturas y a la iniciación del sacramento bautismal. Previamente, el abuelo de los niños con un ramo verde el abuelo de los niños lo pasa un ramo verde por las cabezas de los colocados en la bancada primera y del celebrante, hecho este que el viajero interpreta como una aportación del ritual tribal.
Llama la atención del visitante que se procede a la ceremonia de la paz en orden distinto al que él conoce. El sacerdote se dirige a la familia y padrinos de los niños, los feligreses celebran con risas los comentarios. A los bautizandos, les cambian la ropa y siguen con el rito del con el agua bendita y los óleos; encienden las velas, y proceden a los rezos de rigor. Después viene la celebración eucarística.
Acabada esta, una nuevamente aportación: “la ceremonia de los compadres”: la madre y los abuelos de los niños se arrodillan delante de los padrinos y les dirigen unas palabras, se abrazan y cogiéndoles de las manos se las llevan a sus respectivos corazones y van pasando por todos los padrinos repitiendo el ritual.
Terminada la ceremonia, todos se felicitan. Uno de los padrinos traslada al sacerdote, la hermana y al viajero, a la casa familiar con el fin de que José Miguel la bendiga. Se trata de una construcción de madera construida sobre unos troncos a modo de palafito; se accede por unas escaleras y, nada más entrar, se encuentra la sala donde la familia se reúne, las dependencias están separadas por unos tabiques que no llegan hasta el techo.
Unas vigas sujetan el tejado cubierto de paja trenzada; una de las dependencias a las que accede el viajero es la cocina: una especie de gran mesa en cuyos bordes resaltan unos tablones para evitar que las cenizas caigan al piso; una cama de arena hace de aislante entre el fuego y la madera, sobre una parrilla un puchero y los maitos preparados para su cocción. Al fondo, a ambos lados, dos cuartos que sirven de almacén. Las mujeres se afanan en preparar los platos y la chicha.
Por deferencia, en la mesa de la sala principal, colocan los platos con los maítos de tilapia para los tres principales invitados, entre los que se encuentra el viajero, los anfitriones hablan en español intercambiando, de cuando en vez, algunas frases en kichwa al dirigirse a José Miguel. Después de consumir el pescado ofrecen un tazón de chicha. La reunión finaliza al venir a recogerles la otra hermana monja y vuelven al vicariato de la misión.
Allí continúa la charla con José Miguel, a la espera de que José María proporcione al viajero la dirección de correo electrónico, para que les envíe las fotos del evento. Abrazos de despedida y promesa de seguir en contacto.
La jornada le ha resultado al viajero muy interesante, siempre había sentido admiración por los misioneros y ahora ha podido constatar su maravillosa labor y entrega. Una auténtica lección de amor por los demás. Finalmente se retira al hotel para preparar su partida del día siguiente.




UN DÍA EN LAGO AGRIO
Domingo 21/01/2018


Amanece el día nublado anunciando otra jornada de chubascos. Se desplaza a la terminal de buses y, nada más llegar, aparece el bus que va a Lago Agrio (Nueva Loja). El trayecto no es muy largo, pero con las consabidas subidas y bajadas de pasajeros se hace bastante pesado. Al llegar a la terminal toma un taxi hasta el Hotel Asará que se encuentra próximo al centro.
Da un paseo por el centro, lleno de tiendas y abarrotado de vendedores ambulantes, que ofrecen toda clase de frutas, hortalizas carnes y pescados. Hoy es domingo y visita la iglesia, un edificio moderno en medio de una plaza en obras.
Retorna al hotel, a dejar el equipo fotográfico que empieza a resultarle pesado. Encuentra una cevichería cercana y degusta una sopa de cangrejo.Comienza a llover torrencialmente, lo cual disuade al viajero de continuar su paseo por la ciudad.
Retirado en el hotel, descubre que el lugar que quería visitar se encuentra a unos cincuenta Km de Lago Agrio y, mientras sigue lloviendo, se afana en poner al día su blog que permanentemente se encuentra retrasado. A media tarde para de llover y sale a continuar su paseo sin la cámara. Pronto anochece y el estómago le reclama. Se decide por una pizza y retorna a descansar con un tranquilo paseo, con la sensación de haber desperdiciado la jornada. La ciudad no le dice nada.

VISITA A REVENTADOR Y CASCADA DE SAN RAFAEL:
Lunes 22/01/2018

 El viajero disfruta viajando de forma improvisada, pero a veces eso le sale caro, como en esta ocasión. Ayer era domingo y las oficinas de turismo estaban cerradas. Confuso por las informaciones contradictorias, indicándole que la cascada de San Rafael estaba lejos, consulta por internet y, al parecer, la distancia no es mayor de cincuenta kilómetros. Pregunta de nuevo por la mañana en recepción al respecto, para asegurarse, y el muchacho le recomienda un taxi de su hermano que le puede llevar. Según él, la distancia es de setenta kilómetros. Hace una llamada y le comunica que cuesta setenta dólares, a dólar por kilómetro. Se encuentra cansado y acepta, con la condición de que pueda encontrar alojamiento. El muchacho de la recepción le recomienda el Hostal Reventador, muy próximo a la cascada de San Rafael y al volcán Reventador. Hace una llamada y le confirman que disponen de habitaciones.
El taxi viene rápido y le lleva al lugar en hora y media, la carretera está plagada de curvas y llueve casi todo el viaje. La hostería está sin clientes. Le recibe un matrimonio Rosa y Joselito. Le dan las llaves de la habitación y le dicen que en quince minutos, si lo desea, le organizan un tour con guía por sesenta dólares, se ve obligado a aceptar. Se prepara para la caminata y la tormenta arrecia. Le aconsejan que espere a que pare para efectuar la salida y sube a la parte superior del edificio. Una cubierta cubre una inmensa sala que, a ambos lados, tiene unos pasos elevados que comunican directamente con los caminos para acceder al monte. El lugar es un encanto, con una decoración rústica hecha con sumo gusto y que no agrede al paisaje. Como no cesa de llover el viajero aprovecha el tiempo para hacer unas llamadas por WhatsApp.
Después de casi dos horas de espera, Rosa le traslada con una camioneta a una hermosa cascada  donde dispara varias fotos. Posteriormente, le lleva a una cueva, en donde supuestamente, puede observar algunas aves. Para llegar al lugar hay que realizar un largo recorrido en descenso. El suelo está muy resbaladizo y, en un descuido,  el viajero se cae una culada logrando salvar el equipo de fotografía. 
El camino termina en un río que tienen que atravesar para llegar a la cueva. Se encuentra muy crecido y calcula que el agua le llegará a la cintura con el riesgo de resbalarse y que le tire la corriente y moje la cámara. Evalúa el riesgo, ha atravesado muchos ríos pescando y sabe que es muy probable que pueda caerse, así que decide regresar.
El camino de vuelta se hace tremendamente pesado, a la dificultad de la ascensión, con empinadas cuestas, se suma el escaso agarre de las botas. Al menor descuido pisando las piedras con musgo empapado de agua de lluvia se corre el riesgo de caída. 
Asciende lentamente y con precaución, tratando de pisar en el barro y sujetando la cámara con la mano. Debe realizar varias paradas para recuperarse. Siente las pulsaciones aceleradas. Piensa para sus adentros que el tiempo no perdona y, aunque su mente le anima a acelerar el paso, el cuerpo no le sigue como antaño. En la bajada, no se había percatado de la longitud y desnivel del trayecto. Ahora se le antoja eterno. Llega por fin al punto de partida y se sienta a descansar. Rosa le anima por educación diciéndole que marcha bien, pero el viajero no se lo cree.
Toman la vagoneta y se dirigen a la cascada de San Rafael, a punto de oscurecer, mejor para las fotos, piensa el viajero. El guarda de la caseta de entrada les indica que ya está cerrado y, ante la súplica de Rosa, les permite el acceso advirtiéndole que ella se hace responsable. Descienden rápidamente por una pista hasta llegar a un mirador. La cascada ruge estrellando sus aguas sobre las rocas, levantando una enorme nube de vapor. El río está muy crecido y precipita sus caudalosas aguas en un inmenso salto suicida. Una sensación de paz interior invade al viajero mientras admira esa maravilla natural. Absorto en la contemplación, debe ser advertido por Rosa para que inicien el regreso antes de que oscurezca del todo.
De regreso le empiezan a fallar las fuerzas, lleva más de diez horas sin tomar alimentos. Aunque el camino es bueno y la cuesta no es empinada se le antoja más difícil que el anterior y debe parar constantemente, la sensación es que las piernas no le siguen: le entra la pájara. Llega hasta arriba ya oscuro.  En el rostro de Rosa se adivina la preocupación. Después de un rato de reposo se recupera como si nada hubiera ocurrido, registra su entra al parque y vuelven al hostal.
Pide algo para comer: devora con fruición un lomo con ensalada y papas que le dejan definitivamente repuesto. Toma nota. Se promete llevar siempre algo para comer: frutos secos y chocolate. La niebla cubre las montañas y se hace improbable que puedan ver el Reventador al día siguiente.

EN DIRECCIÓN A TENA
martes 23/01/2018
Como el viajero sospechaba, el tiempo no mejora, las montañas están cubiertas con una intensa niebla y la pertinaz lluvia no cesa. Valora las adversas circunstancias y renuncia a ascender al mirador del Reventador. Decide viajar a Tena y, mientras espera, trata de acelerar la información del blog y preparar las presentaciones.
A medio día prepara el equipaje, reserva un hotel en Tena, abona la cuenta y se despide del matrimonio. El bus llega a la parada poco antes de las 13h. Continúa lloviendo. Monta en el primer asiento que, al estar abierta la cabina del conductor y el asistente, le permite ver la carretera de frente y a los lados. Al poco tiempo se arrepiente de la elección. Observa con perplejidad que el conductor no respeta las señales y realiza adelantamientos temerarios obviando las rayas continuas, charla por el celular y envía mensajes mientras reduce la marcha tras algún vehículo pesado antes de rebasarle. En más de una ocasión tiene que abortar el adelantamiento, con el consiguiente peligro para el vehículo de enfrente y el de al lado. Pero no se arrepiente y continúa su loca carrera. Todo ello para parar unos metros más adelante para bajar o subir pasajeros, siendo adelantado de nuevo por los vehículos rebasados. Se coloca el cinturón de seguridad, nadie lo hace.
Llega cansado del viaje y se acomoda en el hotel. Se da un breve paseo por los alrededores y toma algo para reponer fuerzas y regresa de nuevo. El salón junto a la recepción está abarrotado de agentes comerciales vendiendo vacaciones. 
Al llegar a la habitación descubre que la Wifi no funciona. Reclama. Resetean el router. Sigue sin funcionar. Le prometen cambiarle de habitación para el día siguiente. Se acuesta. Mañana será otro día.



ALREDEDORES DE TENA
Miércoles 24/01/2018
Continúa en Tena la ciudad es agradable y, como en todos los lugares que ha visitado, la gente es muy amable. Quiere conocer los alrededores de la ciudad y alquila un taxi por cincuenta dólares para que le lleve a los lugares más característicos. Le habían recomendado la laguna azul y el viajero solitario se ha creado falsas expectativas. 
Después ha ido a una población: Puerto Misahualli, en la que los monos se han adaptado a vivir junto a las casas. Ha tomado un almuerzo y uno de los monos se ha metido en el restaurante y le ha robado descaradamente parte de la comida del plato. Más tarde ha ido a una cueva en la que no ha entrado, porque había que meterse con el agua por la cintura y, además, no le dejaban entrar con la cámara. 
Por último el taxista le ha llevado a un zoológico en donde había monos sueltos y otros animales en cautiverio.
Ha pasado el día sin grandes cosas que contar y ha decidido marchar a Baños, con la esperanza de que lo que le han contado de esta ciudad, al pie del volcán Tunguragua, realmente merezca la pena.


ANIMALES Y PLANTAS



LLEGADA A BAÑOS

Jueves 25/01/2018
El viajero comienza a sentir cansancio de tantas horas de bus. Más de tres horas para llegar a Baños, donde hoy se encuentra.
Ha dejado la maleta y las mochilas en la habitación de la hostería spa “Isla de Baños”: una especie de albergue con decoración rústica, muy digno y económico. Como dispone de suficiente línea Wifi está dedicando la jornada a actualizar las fotos y subirlas a  YouTube.
Apenas ha salido un momento para visitar el centro de la ciudad y le ha dado buenas vibraciones el lugar. Hoy toca descanso y mañana reiniciará las visitas por los alrededores. Ni siquiera ha sacado la cámara. Mientras lentamente suben los archivos ha decidido improvisar este poema:

Después de un largo periodo,
de seis años nada menos
el viajero ha vuelto al tajo
y solitario pasea
por tierras ecuatorianas.

El día once de enero
del año dos mil dieciocho,
llegó a Quito esperanzado
a recorrer el país
y a conocer a sus gentes.

La lluvia le ha recibo
en sus primeras jornadas
pero a pesar del mal tiempo,
él ha puesto buena cara
y se ha lanzado resuelto
a contemplar el paisaje
y disfrutar del paisanaje.

Quito ciudad colonial
construída entre colinas
enseñorea orgullosa
históricos edificios
museos muy bien cuidados
y plazas llenas de gente,
acomodada en los bancos
y alimentando palomas.

Coca a orillas del Napo
con su museo Macco
y su bello malecón,
navegando río abajo
en una lancha a motor
hasta puerto Rocafuerte.

La reserva de Yasuní
en plena amazonía
y Jacuncocha, la hermosa,
laguna de aguas tranquilas,
los sabrosos chontacuros,
el maíto de tilapia
y charleta con los kichwas.

Comunidad de San Pablo:
encuentro con Achakaspi
y el bautizo de los niños,
el cariño de las gentes
que acogieron al viajero
como hermano en la familia.

Los viajes en autobuses,
gentes que suben y bajan
a sus diarios quehaceres
cargados con sus enseres,
ojos que miran de soslayo
rostros por el sol curtidos.

Paisajes verde esmeralda,
montañas de agua preñadas,
que generosas regalan
cascadas nutriendo ríos
con sus tormentosas aguas.

El viajero solitario 
sigue el camino contento,
no le vence el desaliento,
y descubre cada día
en su nueva travesía
algo nuevo que vivir
algo nuevo que aprender.
(El viajero solitario)
 


LA CIUDAD BALNEARIO
Viernes 26/01/2018 
La ciudad de Baños de Agua Santa pertenece a la provincia de Tunguragua, situada en la cordillera andina, es puerta de entrada a la cuenca del Amazonas. En 1999 el volcan Tungurahua se activó y la población de Baños fue evacuada totalmente. Desde entonces se han presentado erupciones en 2000 y 2006.
Baños esta en un valle rodeado de montañas y bañada por varios ríos y arroyos. El río principal, el Pastaza, recoge las torrentosas aguas de las montañas circundantes, en ocasiones, en forma de cascadas. La más conocida es la del Pailón. 
Es un lugar perfecto para relajarse en sus aguas termales; recibir todo tipo de masajes, descubrir sus cascadas y realizar todo tipo de deporte aventura: escaladas, tirolinas, rafting, puenting, bajada de cañones, etc.
El viajero ha disfrutado hoy de una hermosa mañana, ha paseado por la ciudad en un bus turístico (la chiva), que luego le ha llevado a hacer el recorrido de las cascadas.
De vuelta al hotel, para cambiarse y recoger ropa  de baño, se ha topado con un artesano que fabrica guitarras y otros instrumentos de cuerda. Le ha sacado algunas fotos, mientras recibía la explicación de que la tradición viene de su abuelo y  que, seguramente, la continuará su hijo, que parece estar interesado observándole y ayudándole en alguna de las tareas.

Por la tarde se ha ido a las aguas termales. Estaban llenas de gentes de todo tipo y condición. Ha probado meterse en piscinas de agua caliente y agua fría,  y se ha quedado completamente relajado.
En el recorrido por la carretera, que circula paralea al río, se ha interesado por practicar rafting y ha contratado para mañana una excursión naútica.





LA AVENTURA
Sábado 27/01/2018
El viajero se presenta en la oficina a las 9 de la mañana, como estaba acordado, para participar en un rafting bajando por las crecidas y tormentosas aguas del río Pastaza.
Aparece un microbús que les lleva a un patio almacén, donde se encuentran las embarcaciones y el material necesario: remos, trajes de neopreno, casco, chaleco salvavidas y calzado. Se reparte el material y, cada cual, lleva su equipo al bús, mientras, en la parte trasera, se engancha el remolque con las lanchas neumáticas. 
Se desplazan a un lugar, a varios kilómetros río abajo, donde iniciarán el descenso. Allí se colocan los trajes, las zapatillas, el casco y el chaleco. Los guías proceden a completar el hinchado de las embarcaciones y, antes de entrar al agua,  realizan unos ejercicios de coordinación con los remos: remar hacia adelante y hacia atras de forma rítmica, forma de sujetar los remos, forma de acomodarse en la embarcación y algunas órdenes que el guía da a la tripulación.
El río baja turbio y fuerte, el viajero comienza a arrepentirse de su decisión; ninguna de las siete personas, más el guía, calcula que superan los cuarenta años: un argentino, un uruguayo, un tunecino, un ecutoriano, una colombiana, una irlandesa y el viajero español, conforman la tripulación de la zódiac.
Cada uno toma de la cuerda que rodea la lancha neumática y la levantan hasta alcanzar la orilla del río. Embarcan. Toman sus remos y, siguiendo las órdenes del guía que los capitanea, comienzan a remár al rítmo de: uno...dos, uno...dos...
Se incorporan a la corriente y descienden entre el oleaje que a veces se forma y que rompe con la embarcación,  moviéndola como si fuera una cáscara de nuez.
El guía capitán va indicando: ¡Adelante! ¡Uno, dos! ¡Más fuerte! ¡Más fuerte! ... ¡Basta!. La corriente cesa por momentos sus oleajes y la tripulación lo celebra levantando los remos en señal de victoria. Han sobrapasado el primer rápido con éxito.
La situación se repite, el río se divide en dós rápidos y el capitán les dirige a uno de ellos, sigue gritando la órdenes. Aparentemente la lancha se precipita contra una pared de la orilla; el viajero cierra los ojos esperando la colisión, rema y rema con todas sus fuerzas y la zódiac desciende casi rozando la pared; al llegar al final se junta con el otro brazo del río y se forman nuevas olas que saltan dentro de la embarcación.
Nueva celebración al superar el escollo.
Las situaciones se van repitiendo una y otra vez. El capitán invita a una de las muchachas a colocarse en la proa y cuando se encuentran más descuidadas le empuja al agua, la rescatan extendiendo el remo y, sujetándola del salvavidas por los tirantes de los hombros, la introducen dentro de la embarcación. Lo mismo ocurre con la otra muchacha y, más tarde, le toca el turno al viajero solitario; a pesar de que ya  ha quitado el miedo, se resiste a cambiar de lugar, el grupo le anima y, por fín, se decide y se coloca en la proa, con las piernas fuera y sujetándose con las manos a la cuerda que rodea la lancha, un rápido, dos, un tercero. Se agarra con fuerza, el agua le cubre por completo al golpear en uno de los rápidos en la próa. Traga agua y solicita cambio de puesto. El tunecino se coloca en la proa. Salvo el viajero, el resto de la tripulación pide más.
– ¡Hay que voltear la lancha! – grita entusiasmado el ecuatoriano.
– ¡Sí, sí! – corean los demás.
El capitán aprovecha uno de los rápidos para provocar, con la embestida del agua, la caída de cuatro de los muchachos. El viajero se agarra con fuerza y consigue mantenerse dentro de la embarcación. La tensión muscular le hace sentir dolor en los brazos y en las rodillas.

Y así, entre rápido y rápido, van descendiendo. La adrenalina sube y se produce una gran sensación de bienestar al superar cada prueba. El viejo navegante, aunque agotado y dolorido, ha conseguido evitar el chapuzón.
Una vez finalizado el descenso, tras un almuerzo, vuelven a la ciudad. Se retira satisfecho al hotel a cambiarse de ropa.
Tunguragua

Por la tarde se decide a tomar de nuevo una chiva para ascender a la Casa del Árbol y contemplar el Tunguragua. Comienza a sentir levemente los síntomas del soroche, pero se olvida de ellos al contemplar el paisaje montañoso, presidido por el volcán, que se asoma de forma intermitente enseñando tímido su nevada cima. 
De vuelta a la ciudad ha ido a la oficina a recoger las fotos del rafting y ha estado charlando con los gestores: Édison, Anita y Brian.
Así ha terminado su estancia en Baños, una ciudad que nunca olvidará.








A Cuenca va
Domindo 28/01/2018
El viajero, como es su costumbre, desde la terminal de buses como aquí se llama, toma el boleto para Cuenca, ha decidido no utilizar su cámara para robar fotos por la ventanilla, todas esas le salen mal. Nada que destacar sobre el viaje, salvo la enorme belleza del paisaje montañoso que les acompaña todo el trayecto.
Otras siete horas más de viaje, envidiando el comportamiento de los pasajeros que, en su mayoría, consiguen dormir gran parte del camino.
Lo cierto es que el viajero cree percibir que las gentes son muy amables y educadas en el trato, pero no muy comunicativas con el extraño. Una mezcla de timidez y prudencia por no molestar les hace responder de forma escueta en contraste con la locuacidad del viajero. En general utilizan un tono bajo que los oídos discriminan con dificultad, como dicen ellos no hacen bulla, hablan bajito. Así que el viaje transcurre sin conversación lo que le hace ciertamente pesado.
La carretera atraviesa gran número de pequeñas poblaciones, en los que se hace necesario reducir la marcha, y el trazado se dibuja con constantes subidas y bajadas por el espacio montañoso repleto de curvas.
Cansado del viaje, el viajero llega al hotel. Una antigua casona de estilo colonial decorada con mucho gusto. Las habitaciones tipo alcobas dan a un patio interior con una techumbre acristalada, no hay vistas a la calle, lo cual resulta más confortable, preservada de humos y ruidos molestos.
La regente, Susana, es una persona con mucho estilo, educada, amable cariñosa y servicial, con la que el viajero se siente muy a gusto. Lo que le hace ampliar su periodo de estancia a cuatro noches.
Sale a pasear por el centro histórico de la ciudad para captar algunas imágenes del obligado paseo.



Callejeando por la ciudad de Cuenca
Lunes 29/01/2018 
Santa Ana de los Ríos de Cuenca es el nombre oficial de la ciudad, que apenas conocen sus moradores, esta bañada por cuatro ríos, de ahí su nombre. Está rodeada de montañas y elevada a 2560m sobre el nivel del mar. Es una ciudad en clara expansión que ha pasado de trescientos ochenta mil en 2001, a los más de quinientos ochenta mil habitantes que se le calculan en la actualidad.
Como es habitual en él, el viajero toma el bus turístico que circula por la ciudad, para hacerse una idea de los lugares de mayor interés. Esto le ocupa la mañana. 
En una de las paradas visita el museo del sombrero de paja de toquilla, conocido en Europa como sombrero panamá. Existen dos variedades de fabricación artesanal del sombrero: la de Montecristi y la de Cuenca; la primera que es considerada más antigua, utiliza un sistema de trenzado considerado más fino, de mayor calidad y precio más elevado. Algunos montecristi elaborados con paja toquilla finísima llegan a superar los cinco mil dólares.
Para los que no son expertos no se aprecian las diferencias y los sombreros cuencanos, también tienen una excelente calidad. Dependiendo de la finura de la paja toquilla el sombrero es más flexible y tiene un precio superior. Se pueden adquirir sombreros por venticinco dólares, los de grano más grueso, y hasta ciento cincuenta dólares los más finos. Como se ha indicado antes, los hay de mucho más valor, pero son para colección o para celebraciones excepcionales.
En lo alto de uno de los cerros. Se  en encuentra la Iglesia Parroquial de Turi. Su ubicación es privilegiada, por lo que la iglesia se ha constituido en un hito especial de Cuenca. La construcción data de los años treinta del pasado siglo, de reminiscencia clásica, por la presencia de un pórtico con tres arcos de medio punto y cuatro columnas adosadas que sujetan el arquitrabe y la cornisa. En medio del cuerpo horizontal se levantan las torres y el campanario de estilo barroco que le imprime equilibrio. El conjunto se remata sutilmente en la torre en forma de aguja.
De frente a la fachada hay un mirador, que presenta unas magníficas vistas de la ciudad que el viajero ha dejado impresas en su retina y que permanecerán en su recuerdo, gracias a las imágenes captadas por su cámara.
Terminada la visita turística, se dirige a la plaza donde están situadas las oficinas de la municipalidad y se topa con un cordón policial que le impide el paso. La policía le informa que el presidente Lenin Moreno está dando  un mitin  y dirigen, dando un rodeo, para acceder por otro lado. Después recorrer varias cuadras, llega al acceso y se topa de frente con un aluvión de gentes que desalojan el lugar. El mitin ha concluido, pero el viajero se adentra hasta el interior para obtener algunas fotos.
Puede charlas con algunas gentes sencillas que, con sus banderas, han arropado al presidente en su discurso a favor del referéndum, en el que se pide a los ciudadanos que boten sí respecto a unas reformas que se pretenden realizar, corrigiendo en parte la legislación del anterior presidente Correa.
Un amable policía le informa que el presidente dará otro mitin a las cinco de la tarde en el Coliseo Mayor Jefferson Pérez, construido en honor al atleta olímpico cuencano campeón de marcha.
En esta ocasión el viajero calza unos zapatos tricolores marrón claro, marrón oscuro y azul marino. Un limpia sentado en el suelo de la plaza, que acaba de lustrarle a un señor, le invita a lustra los suyos. El viajero le dice:
Pero tiene varios colores y me los puedes arruinar.
  No, señor, yo se los dejo nuevecitos tengo colores. responde el limpia.
El viajero se lo piensa y al final se decide con cierta desconfianza.
  ¿Cuánto cuesta? ¿Cuál es el precio? solicita el viajero.
Dos dólares cincuenta, señor aclara el lustrador.
Con sus habilidosas manos comienza su faena: crema incolora mezclada con unos polvos azules y milagrosamente el zapato comienza a recuperar su color natural, después unos polvos amarillos junto con la crema y al final unos marrones. Efectivamente los zapatos quedan como recién comprados. Aunque es bien consciente de que el lustrador le ha aumentado el precio, al identificarlo como extranjero, el viajero paga lo acordado y entrega medio dólar de propina.
Toma un tentempié y se dirige al Coliseo a curiosear. En la puerta un sin fin de banderas de diferentes colores, entre las que destaca la bandera de Cuenca, que tiene los mismos colores que la española, pero sólo con dos franjas horizontales. 
Música, buen ambiente festivo y, a pesar de que todavía falta casi una hora para que comience el mitin, el coliseo está abarrotado, algunos se colocan junto a las pantallas gigantes del exterior.
El viajero consigue acceder al interior. Tiene la suerte de conseguir un asiento que le cede un joven partidario del "Sí 7 veces Sí".
  Beneficios de la edad piensa el viajero para sus adentros.
  Muchas gracias, es usted muy amable agradece sinceramente el gesto.
No es molestia amigo responde el joven educadamente.
El viajero se sorprende del trato amable de las gentes y de las fórmulas de cortesía tan elegantes, que ya se han perdido en España, simplificándolas en extremo: gracias, de nada.
Varios grupos musicales, de reconocida fama del país, amenizan la espera  animando a los asistentes que, al son de la música, agitan sus banderas respondiendo: sí... sí... siete veces...
A escasos diez minutos sobre el horario previsto, aparece el presidente y el público enardecido agita sus banderas y le arenga con gritos y aplausos. 
El calor aprieta y el gentío le agobia, nunca que han gustado las grandes concentraciones humanas y, discretamente, sale al exterior donde escucha con desinterés las arengas, el lenguaje mitinero siempre le ha resultado falso y no soporta los populismos.
Obtenido su reportaje, se retira al centro histórico y cena: una rica corvina a la plancha con una copita de sauvignon blanc.
Anochece y se retira a la casa a descansar.




NUEVAMENTE PASEANDO POR CUENCA
Martes 30/01/2018
Hoy se ha liberado de la cámara y se ha limitado a pasear por la ciudad: mironear por los puestos de artesanía, charlar con la gente, hacer alguna compra, llevar ropa a la lavandería, reparar su sombrero de paja toquilla dañado por el agua de lluvia y comprar algunos regalitos para sus chicas. También ha contratado una excursión por el parque natural de Cajas que mañana piensa visitar.
Nada extraordinario que reseñar.

VISITA AL PARQUE NACIONAL DE CAJAS

Miércoles 31/01/2018
El viajero ha contratado una visita guiada por el parque de  Cajas. Puntualmente, a la hora convenida: las ocho y media, aparece Carlos, su chofer guía, y le lleva al parque.
Tres de los ríos que bañan la ciudad: Tomebamba, Machángara y Yanuncay, nacen en distintas zonas de Cajas.
En apenas una hora se adentran por las pistas para recorrer la primera laguna. El parque está situado en una zona alta, en algunos momentos del recorrido superamos los cuatro mil metros sobre el nivel del mar.
El viajero, en prevención del soroche, ha tomado una medicación y no siente el ataque del mal de altura.
NIDO DE COLIBRÍ
El paseo consta de una visita a dos de las lagunas más próximas a la ciudad de Cuenca, según le indica Carlos, el guía, se calcula que puede haber cerca de doscientas cincuenta en todo el parque.
La vegetación es típica del páramo y las plantas, que cubren las verdes montañas, absorben el agua de las abundantes neblinas y de las lluvias convirtiéndose en verdaderos acuíferos superficiales. 
Añadir leyenda
El terreno es rocoso y los polylepis conforman el bosque de altura. Estos árboles, de retorcidas formas, se enraízan de forma superficial porque el terreno tiene escasa profundidad. Pertenecen a la familia de las rosáceas y su corteza se desprende con facilidad dándole un aspecto escamoso. Las rocas se cubren de "páramo de almoadilla", que el viajero encuentra gran similitud con las "llaretas" de la zona de Ulluni, en Bolivia.
Un paseo por otra laguna de mayor tamaño: Toreadora y vuelta a la ciudad cansado de la caminata de altura.



5 comentarios:

  1. Luisito sobrevives !1 Caballo !! Estas como un chaval !!

    ResponderEliminar
  2. Luis me gusta el gorro que te has feriado montando a caballo, Mucha vegetacion en los videos.

    ResponderEliminar
  3. Luis que viaje tan chulo!! besos lola

    ResponderEliminar
  4. Muchas gracias, amigos seguidores por vuestras muestras de ánimo.

    ResponderEliminar