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11/02/2012

El viajero sigue su ruta de forma improvisada,
mira hacia el norte, sigue sin prisa y sin pausa.
Su voluntad no se quiebra, continúa con su empeño,
la añoranza no le vence, continua siendo el dueño.
Cada mañana despierta buscando nuevos destinos,
continúa sin descanso explorando los caminos.
Han pasado muchos días, todavía quedan hartos,
piensa seguir explorando, sin temor a sobresaltos.
El viajero solitario siempre tiene compañía,
la soledad no le asusta, lo que teme es la apatía.
Mientras le duren las fuerzas seguirá con alegría.
El camino le acompaña y le devuelve a la vida.

(Viajero Solitario)


Sábado 11/02/2012. Hoy el paseo ha sido largo y productivo. Desde los cañaverales de Monteros en dirección a Tafí del Valle el viajero ha remontado a los cerros por la serpenteante carretera en obras. Del calor intenso a la frescura de los bosques bañados por arroyuelos saltarines que incluso invadían el asfalto desbordados por la alegría de las recientes lluvias.
Una enorme piedra caída de la montaña ha dejado varias horas incomunicada la ruta hasta que han habilitado un desvío. Cada curva, cada repecho, invitaba a parar y contemplar el paisaje. De la frondosidad de las subida a los pastizales de las cimas que bordean el Valle en donde se ubica El Mollar y Tafí. Un lago recoge las aguas de las cumbres y posteriormente las regala, cerro abajo al río Los Sosa.
Paradas, fotos, y una inmensa satisfacción que acompaña al viajero producto de la contemplación de tanta belleza.
La pausa para el almuerzo y continúa camino de Amaicha del Valle. A pocos kilómetros de Tafí, remontando más arriba, el paisaje se torna seco y quebrado, los robles peludos son sustituidos por pequeños arbustos, algarrobos y cardones centenarios que salpican las abruptas laderas.
En lontanaza se adivina la llanura de Amaicha y el lecho del río Santa María que baja turbio por las escorrentías de las recientes lluvias. Nuevamente aprieta el calor y el cansancio se apodera del viajero, los párpados le pesan y decide parar unos minutos para echar una cabezada a la sombra del un algarrobo.
Continúa hasta las ruinas de la ciudad sagrada del pueblo de Quilmes.
El pueblo quilmes ha conseguido recuperar las ruinas de la ciudad sagrada, aunque todavía hay litigios legales respecto a los derechos de propiedad de la gestión de las ruinas, donde todavía hacen sus celebraciones a la Pachamama.



 
Domingo 12/02/2012. Camino del sur hacia Concepción y embalse de Escaba. De camino el viajero para en Acheral, el lugar de dónde ATA (Atahualpa Yupanqui) partía hacia Tafí del Valle cabalgando de noche, muchas noches hizo el trayecto y de ahí nació la inspiración para su maravillosa canción luna tucumana, según él mismo aclaró.
Concepción está agobiada por el intenso calor. Un paseo por el centro, almuerzo y camino al parque nacional de los alisos. Lamentablemente el acceso está cerrado y el viajero se dirige al dique Escaba en donde toma un baño para apagar el calor.



Lunes 13/02/2012. Ultimo día de estancia en Tucumán, una breve visita por los alrededores de la capital, concretamente a Cadillal, otro dique. Para unos momentos sin intención de disparar más fotos, ¡ya vale de tanta agua embalsada!.

 
Dos muchachos descansan a la sombra. El día está muy caluroso y el trabajo de desbroce les ha agotado. Dos ángeles en paz: Ángel Alfredo Paz y Ángel Santiago Paz. Son hermanos gemelos y durante el verano trabajan desbrozando los accesos al embalse. Trabajo duro. Charlan largo rato.
El viajero decide regresar a la capital, debe llenar el tanque de gasolina, entregar el auto y llevar el equipaje a la terminal. El bus a Salta sale a las 18:40h y conviene estar listo. El recuerdo de lo ocurrido en Santiago le ha hecho estar alerta.
Como es habitual, tarda más de treinta minutos en repostar. Hay un auténtico desastre en cuestión de distribución de nafta y no todas las gasolineras disponen de combustible. Llenar el tanque y sacar dinero de un cajero pueden quebrar la paciencia más infinita. Allí donde veas una larga cola, seguro que hay un cajero y si son autos, es que en esa gasolera todavía queda nafta.
El bus que le traslada a Salta llega con una hora de retraso respecto al horario que le habían indicado. El hotel Casablanca le recibe con las puertas cerradas y el empleado del servicio nocturno le franquea la entrada. Hay ascensor, lo cual facilita el traslado de sus dos voluminosas maletas. Llegado a la habitación se da una ducha y,  al descorrer las cortinas observa que el suelo está inundado. Con un recogedor trata de achicar el agua hacia el desagüe mal colocado en relación a la pendiente del suelo. Mal augurio- piensa. Mañana me cambio de sitio- se dice a sí mismo.

Hoy no hay reportaje

Martes 14/02/2012. Despierta temprano. Desayuna, advierte de los peligros de inundación del baño y la mucama le indica sin gran disimulo que no ha prestado atención a la cortina. Ante la insistencia del viajero ella le asegura que tratará de bajar la cortina para que no vuelva a ocurrir lo de la noche anterior.
Atrapado por la pereza del eventual cambio de alojamiento, da por buena la promesa y anuncia que se alojará una noche más.

La ciudad de Salta le espera y toma su cámara para atrapar sus bellezas. Paseo por el centro y subida al cerro en funicular. Un golpe en un dedo del pie en uno de los variados obstáculos que acechan por las aceras de las ciudades le deja dolorido durante todo el día.
En lugar de alquilar un auto, en esta ocasión, decide economizar y adquirir un paquete de excursiones por las provincias de Salta y Jujuy.
Hecha la tarea se entretiene buscando un calzado cómodo que le haga más llevadero el intenso dolor del dedo maltratado por las traicioneras aceras. No encuentra lo que busca y se siente cansado y con una visible cojera, pensando si estará en condiciones de salir al día siguiente a la excursión hacia Humahuaca.
El ambiente carnavalero flota en la ciudad y alguno grupos tratan de animar a las gentes con sus cánticos y bailes.
Llega al hotel, después de tomar algo, y comprueba al ducharse que solamente ha salido un poco de agua que recoge sin problema con la toalla. A la medicación habitual le añade un potente antinflamatorio, que su hija Laura le proporcionó en su abundante botiquín, y descansa.
Antes de dormirse piensa en que, efectivamente,  la ciudad es muy linda.





Miércoles 15/02/2012. A las siete en punto de la mañana el micro que le llevará camino de Humahuaca le recibe. En el van montados: Víctor, el conductor , Javier, el guía y Eliana Cruz, una joven muchacha que esconde su belleza tras sus gafas oscuras. El viajero, saluda y se acomoda al lado de la muchacha. Poco a poco van recibiendo al resto de excursionistas desde sus respectivos alojamientos y comienza el viaje.
Eliana Cruz
Javier es un verdadero animador, canta, recita, cuenta historias, chistes, no sin ello administrar con sabiduría sus magníficas explicaciones. 
Fuera de micrófono se establece una complicidad a modo de bromas con aire de diatriba entre Eliana y Javier, al viajero le divierte el juego y se hace cómplice del mismo animándolo con sus comentarios. En su interior se divierte adivinando  que se trata de una mutua seducción disimulada con una sutil cortina de juego inocente. Eso le dispara su memoria a tiempos pasados de juventud.
El viaje muy bien documentado por Javier transcurre plácido. Paradas para descansar, disfrutar  pausadamente de un mirador y tirar alguna foto, o visitar unas ruinas. Parada en Pulmamarca para ver la  población y subir a conocer las ruinas de los antiguos pobladores.
Un guía concienzudo del lugar, que recitaba de memorieta la lección bien aprendida de victimismo indigenista,  y la atenta compañía y animada conversación con Eliana les hace retrasarse considerablemente de la hora acordada. Con la consiguiente vergüenza y la escasa convicción de sus explicaciones, a juzgar por las caras de incredulidad de los viajeros escrutados con la mirada, reanudan de inmediato el viaje.
Llegada a Humahuaca. El viajero recuerda la canción de carnavalito humahuaqueño. Comida rápida. El viajero se disculpa y sale del comedor ávido de tomar fotos de las personas que transitan por el centro de la población. ¡Ya vale de tanta foto de montaña, quebrada, valle y maravilloso paisaje!.
La mirada atenta de las mujeres y de algunos artesanos autóctonos a los movimientos del viajero con su cámara que, en cuento se la encara, puede comprobar que le dan la espalda o se esconden tras los tenderetes o en las esquinas, le recuerda sus experiencias en el mercado de Tarabuco en la región chuquisaqueña de Bolivia. Esto le hace percatarse que, efectivamente, se encuentra en territorio colla.
Cuando de forma descarada, en el mercado, trata de robar una imagen, el vendedor alza  su mano en señal de rechazo. Sin disparar, se marcha a otro lugar y unos gritos, de una de las mujeres que estaban comprando, le hace detenerse. ¡La tipa le exige plata por tomarle la foto!. Ante la terquedad de la señora, que hace caso omiso de las aclaraciones del viajero, opta por largarle cinco pesos y, entonces sí, le pide que se deje fotografiar. Justo al disparar, la caradura se mueve y se larga contenta con su botín. La foto sale desenfocada y hay que borrarla.
Una intensa tormenta torrencial apaga de repente la actividad comercial de la zona. En cuestión de segundos, todos los tenderetes quedan recogidos por arte de magia. Para evitar nuevos retrasos el viajero se dirige al micro. Como por cortesía, la tormenta cesa e inician el viaje de regreso.
De nuevo brota la animada conversación que permite un mejor conocimiento de las circunstancias personales de los contertulios.
Viaje terminado. Día perfecto. Algo para cenar y, ¡a descansar!. ¡Ah!, el dolor del dedo remite totalmente. Las pastillas o el agradable viaje han hecho efecto.



Jueves 16/02/2012. La excursión a Cachi transcurre por la carretera paralela a la quebrada, por la que discurre un torrentoso río, con diversas arterias, arrastrando limos procedentes de las dos cadenas de rojizas montañas a través de las cuales se abre paso, dejando en el camino los restos que dificultan su libre transitar: ramas, restos vegetales, guijarros, cantos rodados y, desgraciadamente, algunos restos de basura son los materiales depositados en su amplio lecho.
Las aguas chocolateadas irán desapareciendo en el invierno, cuando las nieves cubran las cumbres montañosas y las lluvias cesen en las partes bajas. 
En tiempos pretéritos, no muy lejanos, el invierno seco era aprovechado por los jinetes que, recordando las milongas y chacareras de los cantores, transitaban de noche a la luz de la luna para ir a poblaciones cercanas.
 En un momento, al atravesar un valle de abundante pasto, el azar premia al viajero con la visión de una manada de guanacos, uno de los dos camélidos andinos con pelo que, junto a la vicuña, viven sin domesticar. El resto, la llama y la alpaca, tienen lana y forman parte del ganado que pastorean los habitantes de la zona.
 

Cachi tiene una linda plaza, muy bien cuidada con edificios coloniales pintados de un blanco brillante. En sus proximidades se encuentra un parque natural de cardones centenarios.
Hoy el viajero ha preferido elegir un asiento sin compañía y el viaje ha transcurrido silencioso, limitándose a intercambiar saludos de cortesía.



Viernes 17/02/2012. Camino a Cafayate. La carretera trazada al borde de la quebrada sustituye los antiguos caminos en los que antaño transitaban las mercancías transportadas por animales de carga. Asciende serpenteante en la base de las montañas desnudas de vegetación que, con frecuencia, recuerdan su presencia lanzando su pesada carga de rocas, removidas por las aguas torrenciales que alimentan las tormentas; esto obliga a estar en alerta permanente realizando obras de mantenimiento y desvíos en la época estival. 
La quebrada de las conchas en la base recibiendo los aportes de los torreones multicolores que la flanquean inunda de belleza el camino hacia el valle de Cafayate, donde se producen unos magníficos vinos de altura que el viajero está deseoso de degustar.
Quebrada del diablo
Llama la atención el anfiteatro natural al borde de la quebrada: una curiosidad geológica a modo de cueva de cielo abierto con una espectacular acústica que para sí la quisieran gran parte de auditorios diseñados por la mano del hombre. En el lugar ensayan sus cantos folcloristas que amenizan a los visitantes con sus cantos. La quebrada del diablo un estrecho cortado que invita al caminante a descansar entre sus enhiestas paredes protegido de los rigores del clima.  
Llegado al destino la obligada visita a una de las bodegas sorprende al invitado con un delicioso  torrontes que recuerda en sus aromas al moscatel.
Como de costumbre la cámara del viajero atrae la mirada de las féminas que remedan a las artistas del celuloide. La pequeña Rocío ensaya su particular pose.
 





Sábado 18/02/2012. Salida al Salar Grande. Parte del camino hasta Pulmamarca ya ha sido recorrido por el viajero. Hoy ascendemos a más de cuatromil y, recordando el apunamiento o soroche de otros viajes a Bolivia, el viajero ha tomado precauciones administrándose unas dosis de acetazolamida. El salar está cubierto de agua y ofrece una visión diferente a la acostumbrada. Un espejo de agua refleja el paisaje y las nubes que lo arropan entre algodones.
De vuelta parada en Pulmamarca para almorzar y observar como sus habitantes celebran el carnaval, muy modernos ellos, lanzando espuma con unos spray que al módico precio de diez pesos comercializan los avispados vendedores ambulantes, las bandas recorren las estrechas calles invitando a sus moradores a sumarse a la fiesta.
Durante el regreso la fiesta se traslada a los pasajeros del bus que, retomando su adolescencia, se lanzan espumarajos  vaciando los botes que habían adquirido.



Domingo 19/02/2012. Día de descanso. Un paseo por la ciudad y visita a la terminal de buses para decidir defiitivamente si continuar viaje hasta San Pedro de Atacama o marchar a Corrientes a visitar el Paraná. 
Después  de unos momentos de duda se decide por ir al río Paraná a pescar el mítico dorado. Pone en orden el equipaje y se toma el día de descanso leyendo y paseando sin rumbo fijo por las calles. No lleva la cámara. Así que no hay reportaje. 


Lunes 20/02/2012. Por casualidad, mientras hace tiempo para tomar el bus que a la tarde le llevará a Corrientes, descubre unos gauchos que transitaban bien pertrechados por las calles del centro de la ciudad. Pregunta, y le informan que es el aniversario de la batalla de Salta y que en la plaza 20 de Febrero se celebra una parada militar recordando la heroica gesta.
El sol castiga lanzando sus rayos perpendiculares sobre la plaza. Soldados, policías y demás fuerzas soportan con estoicidad los largos y tediosos discursos de las distintas autoridades mezclados con arengas patrias.
Comienza el desfile y todos esperan ver aparecer a los gauchos de las distintas localidades de la provincia de Salta rememorando la hazaña de aquel veinte de febrero en el que el general Güelmes frenó con su ejército popular las tropas reales.
El agobiante calor hace que el viajero desista de soportar todo el acto conmemorativo y se vuelve al hotel, almuerza tranquilamente, recoge sus maletas y se traslada a la terminal con tiempo suficiente.




Martes 21/02/2012. Cansado del viaje y mal dormido, el viajero llega la ciudad de Corrientes. Deja el equipaje en el hotel, es demasiado pronto para ocupar su habitación y se lanza a recorrer las calles haciendo tiempo para poder acomodarse. 
Es muy temprano y los comercios todavía no han abierto sus puertas; además es día feriado, el desfile de carnaval terminó ayer y los habitantes descansan de los excesos de las carnestolendas. ¡Qué oportuno! La ausencia de planificación que caracteriza al solitario paseante, le lleva a estas situaciones absurdas: llegar un día después del famoso desfile de los corsos. Quizá pueda ver el desfile de los ganadores si es que las torreciales lluvias que se anuncian para hoy no propician la suspensión del acto.
Encuentra una tienda de pesca y se informa de las condiciones para pescar el dorado. Los amables dependientes le dan toda serie de informaciones. Compra anzuelos para montar moscas para el dorado. 
Una intensa lluvia interrumpe el paseo y, llegada la hora, se traslada en dirección al hotel. No tiene plano de la ciudad y todas las calles se le antojan iguales. La intuición le falla y se va en dirección opuesta. Pregunta y retorna sobre sus pasos con la ropa empapada. Curiosamente, al pasar de nuevo por la tienda de pesca sin advertirlo, escucha una voz que le llama; uno de de los dependientes de la tienda le da una tarjeta de un señor, cliente de la tienda que había entrado después y al que le habían dicho que un pescador  español estaba interesado por la pesca a mosca del dorado.
Llegado a hotel, acomodado y almorzado, trata de ponerse en contacto con el amable señor que dejó su tarjeta. El teléfono no responde y envía un correo electrónico que es respondido casi de forma inmediata con una llamada al celular. Lisandro Gabriel Palarich le invita a su casa para charlar sobre el tema, es su día feriado y está atando moscas. Sin más dilación toma su equipo de atado y marcha a casa del misterioso anfitrión.
Lisandro Gabriel Palarich
Lisandro le recibe con entusiasmo franqueándole el acceso a su preciosa casa dispuesto a introducirle en el mundo de la pesca del dorado. Accede a un amplio salón. En un lugar preeminente una mesa de escritorio parecida a las que se utilizaban como mesa de profesor, con sus amplios cajones y una estantería cajonera. El torno de montaje preparado y unas moscas recién montadas sobre la mesa.
De forma inmediata se establece el vínculo de amistad característico de los mosqueros, charlan sobre sus técnicas de pesca, equipos, sobre la filosofía de la captura y suelta.
El artista mosquero
Mientras comentan sus cosas, Lisandro ata una mosca que al viajero le servirá de modelo para ensayar sus montajes. No contento con ello le proporciona material e información precisa y le pone en contacto con un experto guía que le acompaña con asiduidad: Vicente, el guía, lleva varios años trabajando y ha guiado en varios loch de pesca,  entre ellos uno en Bolivia que al viajero le gustaría conocer. Ahora trabaja por su cuenta.
Larga y amena charla. Lisandro tiene una familia encantadora: Fabiana, su esposa, y un niño y una niña. Vicente aparece en el domicilio para presentarse. Reconoce que el río está malo para pescar, muy turbio. Intercambiamos los números de celular.
Entrada la noche nos despedimos y prometemos mantenernos en contacto.

Miércoles 22/02/2012. El cansancio acumulado y el calor sofocante hacen que el viajero alargue su reparador sueño y se levante más tarde de lo habitual. Después de desayunar tranquilo se va de paseo por la costanera a disfrutar de la visión del Paraná.
Se decide a almorzar en un restaurante a orillas del río. Como es natural elige un surubí que acompaña con un buen vino blanco. Se dice así mismo que no todo van a ser comidas baratas. Terminado el almuerzo Vicente le llama para concretar la salida de pesca que tienen pendiente.
Mosca elabora por Lisandro
Se retira al hotel huyendo del sofocante calor. Dedica un buen rato a la lectura y recibe la visita de Lisandro que ha pensado prepararle los bajos de línea que debe utilizar con el dorado.
Al anochecer se van a tomar unas cervezas a la costanera y mantienen una interesante charla sobre pesca, salpicada de comentarios sobre política. El viajero se siente muy bien acogido por esta persona tan solícita y entrañable. Un gran tipo.



Jueves 23/02/2012. La ciudad de Corrientes no atrae demasido al viajero, no ve nada destacable en sus edificaciones ni tampoco se ha preocupado demasiado por informarse sobre sus puntos de interés. Le ha encantado el río Paraná y se decide a ir a dar un paseo por Paso de la Patria. Una población a escasos kilómetros de la capital en donde se celebran los famosos campeonatos nacionales de pesca del dorado.
Se dirige a la costanera a pasear por sus playas. El calor resulta insoportable y no se le ha ocurrido llevarse el bañador para darse un baño. Intenta ocultarse del sol buscando las sombras de los árboles y busca sin éxito un lugar donde refrescar su garganta. Todo está cerrado y hasta entrada la tarde, cuando el debe regresar, no abren la mayoría de los establecimientos de hostelería. Así que se dedica a deambular por las calles terrosas y sin asfaltar a la sombra de los chivatos y los jacarandás. El cansancio y la desgana le disuaden de hacer fotografías. Termina de leer uno de los libros que por suerte lleva en la mochila.
Afortunadamente el  agua del Paraná esta clara en este lado del río. Así que mañana el viajero se podrá estrenar con suerte es la pesca del dorado.




Dorado del Paraná
Viernes 24/02/2012. Hoy el viajero está feliz. ¡Al fin! ha conseguido uno de sus ansiados sueños de pescador: capturar un hermoso dorado. 
El rió Paraná a su paso por Corrientes fluye con aguas turbias lo que hace aconsejable remontar aguas arriba de Paso de la Patria. La embarcación de Vicente especialmente diseñada para la pesca a mosca se desliza rápida hasta encontrar aguas limpias. El día está despejado y la temperatura comienza a subir a medida que el sol asoma por el horizonte. Llegado a los lugares elegidos el viajero ilusionado inicia el casteo (lanzado de la mosca) con una de las imitaciones que Lisandro le ha enseñado a montar.
Pirapitá
Vicente no parece muy satisfecho con el resultado de los primeros intentos, no hay mucha actividad en los lugares donde debería haber pique. A base de insistencia comienza a sentir los ataques poco convincentes y ¡zás! un hermoso pirapitá (especie de salmón) ataca y queda clavado.  Parece que la cosa se anima, pero los dorados no atacan todavía. Va pasando la mañana y Vicente va buscando los lugares más apropiados. El viento no facilita el pique. De nuevo alguna picada, otro pirapitá más pequeño. Algunos dorados se lanzan raudos hacia el señuelo pero no llegan a engancharse bien y escapan, el viajero no domina la técnica de clavado necesaria para estos bichos. Y ¡Por fin! una buena clavada un hermoso ejemplar que  con la mosca bien clavada trata de zafarse dando enormes saltos y cabriolas dentro y fuera del agua. Lucha rápida e intensa y un subidón de adrenalina se dispara de pies a cabeza, Vicente le calcula entre 4 y 5 kilos. La foto preceptiva y al agua como está mandao.
Las picadas se repiten de forma esporádica, lo suficiente para mantener la ilusión por la captura de otro pez mayor. El roce La constante de la línea con la mano le comienzan a producir ampollas y se coloca un guante protector. Todo es muy rápido, cambio de lugar unos cuantos lances y vuelta a buscar otros lugares. Cuando los dorados fallan en su ataque o la atención del pescador no está lista para la rápida clavada desparecen del lugar y hay que cambiar. Otro dorado más pequeño se clava. Foto. Al agua. Vuelta a intentarlo.
A medio día una parada para degustar un magnífico asado. Con los palos hojas y leña del lugar, se improvisa un fuego y en pocos minutos la carne, el chorizo y la morcilla están listos. Unos insectos, las viudas, atacan con saña los pies del viajero y dejan sus marcas en sus desnudos tobillos.
Volvemos despacio por los lugares anteriores, el calor aprieta y las botellas de agua helada van calmando la sed. Alguna nueva picada, pero sin demasiada fortuna. Cambio de mosca. Al poco tiempo un pirapitá se clava y casi a la par, el viajero siente un enorme tirón y un enorme dorado al que Vicente le calculo más de diez kilos emerge de las aguas. La sensación o la ilusión del viajero es que ha mordido la mosca justo en que el pirapitá la ha soltado. Pero no es así. De nuevo emerge con más fuerza y ¡zas! la línea se rompe. Entonces descubre que el monstruo se ha tragado el pirapitá y la mosca, el hilo se rompe. El pescador atónito se queda embobado y temblándole las piernas. 
Vuelta hacia Corrientes, nuevos intentos infructuosos. El balance final ha sido muy satisfactorio una sensación única que al viajero le ha calado hondo y piensa repetir posiblemente en Bolivia.

Imágenes del día 



Sábado 25/02/2012. Día de descanso dedicado a organizar el blog. El viajero   ha cambiado nuevamente de plan: en un principio tenía previsto ir a las cataratas por el lado de Misiones­; pero como como no había billetes hasta principios de marzo, ha pensado dirigirse a Asunción.  Mañana, a media noche, tomará un bus nocturno. Ha realizado una reserva en el hotel La Española el mismo en el que se hospedó con su amor de primavera y su hija Cecilia allá por el año 96 del pasado siglo.
Lisandro le ha invitado a una reunión de amigos con motivo de la celebración de su 52 cumpleaños.  Gente muy amable y gentil que le han acogido como uno más de la cuadrilla.   reunión se ha alargado hasta muy entrada la madrugada charlando sobre pesca y terminando con cuestiones de política y sociedad.
Al  retirarse a sus aposentos,  el  viajero se ha sentido muy reconfortado y agradecido por haberse  topado con personas  entrañables  acogedoras  con las cuales se siente en deuda.
Adiós amigos, adiós Lisandro y Juliana, muchas gracias por todo. Os quiere el viajero solitario.




Domingo 26/02/2012. El día está muy pesado. Hace un calor de los demonios y, como el viajero ha dejado el hotel, no le queda más remedio que deambular por Corrientes con un sol de castigo y traspirando permanentemente. Ha estando paseando por la costanera con evidente desgana, paso corto, cansino y tomando agua de continuo para no desidratarse. La ciudad está desierta. Los domingos la gente se va a poblaciones cercanas para bañarse en el río y hacer un asado con la familia o los amigos.
No hay nada interesante que contar.


Lunes 27/02/2012. El viajero se encuentra animado, a pesar del cansancio del viaje, en el que no ha conseguido dormir, después de dejar su equipaje en el hotel se marcha a pasear por las calles céntricas de Asunción. Todo sigue igual, la calle Palma con su nutrido grupo de cambistas, vendedores ambulantes que ofrecen todo tipo de imitaciones y un sinfín de tiendas. 
La plaza todavía está en obras de remodelación.Se siente como en casa. Aprovecha el día para llevar la ropa a la lavandería y comprarse algo de ropa decente.
Contacta con los amigos anunciándoles su presencia y tiene el gusto de reunirse con Gloria Paiva. Se retira pronto, apenas ha dormido dos horas en el bus y se siente feliz, por moverse en terreno conocido, pero agotado.


José Gómez en defensa de Asunción
Martes 28/02/2012.          Caminando por las calles del centro se dirige a la oficina de Lidia Fiore a hacerle una visita. Sigue tan guapa como siempre, el tiempo parece pasar de largo sin afectarle lo más mínimo. Muy activa: con varios teléfonos, mandando mensajes por la computadora, firmando documentos y charlando con el viajero. Todo un ejemplo de multitarea. 
Lidia le informa que el barco no navega al Pantanal en estas fechas. ¡Lástima! era una idea que tenía in mente y que no va a poder desarrollar ahora. Estudian varias alternativas y quedan para concretarlas al día siguiente.
José Gómez, siempre tan dispuesto se ofrece para llevarle a dar un paseo con su auto por la ciudad y sacar algunas fotos. Un tipo extraordinario.
De noche se retira al hotel y charla con una pareja de argentinos de Junín.


Miércoles 29/02/2012. El viajero deambula por las calles del centro de Asunción. Termina los trámites para desplazarse a visitar las cataratas de Iguazú desde el lado argentino. Dos veces ha visitado las cataratas desde el lado brasilero la primera de ellas en el 96 y la otra en 2011, tal como aparece en la página visita a Paraguay. Le han dicho que desde el lado argentino se perciben mejor y está dispuesto a dejarse impresionar. 
José Gómez, siempre tan amable y solícito se ha comunicado varias veces proponiéndole dar algún paseo por Asunción. Concretado el paseo con Lidia Fiore, la eficiente gestora de viajes Premier y vieja amiga quedan para recoger el voucher por la tarde. Terminados los trámites contacta con José.
Todo arreglado: viaje a Ciudad del Este de madrugada en bus y llegada a primera hora al hotel Convair; desde allí, a primera hora un guía le trasladará hasta el lado argentino, unas seis horas de visita y vuelta al hotel; al día siguiente debe tomar un bus para Ayolas.
El lob de José Gómez que se encuentra francamente mejorado desde la visita de Abril del pasado año. Unos paneles con colores animados delimitan el amplio estudio y dormitorio del resto del local. En un armario acristalado guarda una magnífica colección de cámaras fotográficas. Las escaleras son más amplias y en la parte baja ha puesto un estudio fotográfico con todos los sacramentos, al lado el garaje con un BMV impecable  y reluciente por el que no ha corrido el tiempo. El tipo se lo monta bien.
Amablemente José le lleva al hotel y en el patio inicia una conversación con una simpática pareja de Santa Fe que también están hospedados y pasan unas breves vacaciones en Paraguay.
Justo cuando pensaba retirarse otra pareja que había conocido la noche anterior le piden que les explique como funciona el navegador que han adquirido. Se presentan todos y deciden ir a cenar. El viajero se disculpa explicando que sale de madrugada de viaje y debe preparar el equipaje y liquidar la cuenta. Ante la sincera insistencia, queda en incorporarse más tarde a brindar por el encuentro.
Con las cosas ya dispuestas se marcha al Bonsi y allí le esperan. Degusta un magnífico vino y el tiempo se le echa encima y después de despedirse sale rápido para llegar con el tiempo justo a la terminal.

Jueves 01/03/2012. Llega muy temprano, a las 6 de la mañana, a Ciudad del Este. Toma el billete para viajar a Ayolas al día siguiente y se traslada al hotel, deja el equipaje se da una ducha y se cambia de ropa. El guía se presenta a la hora acordada: ocho de la mañana. Un tipo muy amable y educado le explica las características del viaje a cataratas.
Tardan casi tres horas en hacer los diferentes trámites antes de llegar a su destino: salida de Paraguay, entrada en Brasil, salida de Brasil y entrada en Argentina. Casi no hay lugar en el pasaporte para insertan todos los sellos de entrada y salida.
Inicia su entrada en el parque nacional de cataratas, en la boletería una tipa mal encarada, que oculta su belleza natural tras unos lentes y una expresión adusta, le pregunta:
- ¿Vos sos?
El viajero trata de hacerse el despistado, por si cuela como argentino, entregando 40 pesos que es el precio para los visitantes nacionales. La bruja insiste:
- ¿Vos sos extranjero, no?
El viajero no tiene más remedio que asentir.
- ¿Vos sos?, insiste la petarda levantando su voz.
El viajero responde entregando 60 pesos más:
- Soy extranjero de otro país distinto a la Argentina, señorita.
- ¿De dónde Señor? - insiste la bruja -.
-  De España. Responde el viajero
La tipa le extiende el billete sin mirarle.
- ¿Para que me pregunta de qué país si no anota nada en la computadora? Le increpa el viajero molesto.
La boluda hace un mohín y suelta una retahíla por lo bajini.
El viajero se larga increpándole con sorna:
- ¡Buenos días amable señorita y muchas gracias por su amabilidad y simpatía!
Todo ello provoca el enojo de la grosera y las risas cómplices del personal que aguarda en la cola.
Se adentra en el parque, una procesión de turistas se agolpa en la puerta esperando las indicaciones de los guías que levantan un paraguas de colores identificativo del grupo. Todos llevan unas tarjetas colgando con el número de guía que le corresponde.
El viajero evita incorporarse a ninguno e los rebaños y se cuela por su cuenta por la puerta de acceso.
El parque está muy bien organizado. Desde una estación central sale un trenecito que traslada a los visitantes hasta la confluencia de las tres rutas habilitadas con sus correspondientes pasarelas. Toma el trenecito y se le antoja la figura de las ovejas  que trasladan al matadero, pero la perspectiva de caminar con la alta temperatura reinante y el cielo amenazando tormenta le seduce menos.
Llegan a una estación y los guías van dando indicaciones precisas a los grupos respecto a que no se alejen y sigan las instrucciones respetando los tiempos prescritos. El viajero se adelanta a los grupos y se larga por su cuenta a descubrir anhelante las bellezas que le aguardan.

Una larga pasarela le lleva a través de diferentes brazos del río Iguazú a la Garganta del Diablo. Puede avistar unos hermosos surubíes que, libremente y sin miedo a ser capturados, enseñan sus lomos enseñoreándose en sus paseos acuáticos en posición de ataque.
Puede ver, tras el largo paseo una nube de agua producida por la caída de la catarata principal. El calor y la humedad se intensifican y comienza a llover. El agua se agradece.

La vista es impresionante millones de litros desplazándose en caída libre hasta el fondo del río, golpeando con fuerza las rocas y levantando una gran cortina de agua que moja sin remisión el objetivo de la cámara. La tormenta arrecia y comienza a empapar sus ropas. Olvidó traer el impermeable, pero no le importa, el agua reparadora le refresca. El único problema es proteger la cámara. A Dios gracias, el bolso es impermeable. Toma innumerable fotos. Vuelta a tomar el trenecito hacia otra estación que lleva a la confluencia de la senda superior e inferior. Un sinfín de cascadas, cuyos nombres no se esfuerza en memorizar, aparecen a la vista. Belleza en estado puro.
Al iniciar la marcha al paso inferior, el más largo, la tormenta arrecia y consigue protegerse debajo de un tupido arbolado que debe abandonar a los pocos minutos, cuando las hojas están empapadas.
Para la tormenta y continúa su ruta subiendo y bajando las escalinatas del paso inferior que permiten observar las cascadas desde abajo.
Al cabo de cinco horas el paseo ha terminado y toma un tentempié antes de salir del parque.

El guía le espera a la salida. La vuelta se hace un poco más corta, en dos horas terminan los trámites aduaneros: salida, entrada, salida…
En el hotel se cambia de ropa y se da un paseo por los alrededores del hotel. Se mosquea al observar que hay dos vigilantes en la salida uno con escopeta y otro con pistola escrutándolo todo. A pesar de que le indican que se encuentra en zona segura, la imagen de los vigilantes armados le hace pasear mirando a todos los lados, se encuentra incómodo y a los pocos minutos se vuelve al hotel. Cena y se acuesta temprano, al día siguiente debe madrugar para ir a Ayolas.



Viernes 02/03/2012. Muy temprano sale del hotel camino a la terminal, el guía se ha ofrecido a llevarlo. Se despiden.
El la terminal un viejo autobús espera. Los asientos están mugrientos y el viajero dejando aparte sus escrúpulos se acomoda. Únicamente hay una señora el chofer y el revisor. Nadie más. El viajero piensa que este viaje no puede resultar rentable, a no ser que en algún otro punto se incorporen más personas.
Todavía dentro de la ciudad el bus para y recoge dos personas. Otra nueva parada al rato y cada pocos kilómetros se van subiendo y bajando pasajeros. Demasiadas paradas, piensa el viajero, así no vamos a llegar a mediodía como le habían indicado.
En el trayecto se van incorporando vendedores de chipa y gaseosa, montan en un lugar y se bajan a los pocos kilómetros. El revisor autoriza su entrada a aquellos que supuestamente tienen algún tipo de convenio.
El viaje se convierte en un ir y venir de gente que entra y sale para vender sus productos y de pasajeros que van de una población a otra. Hasta los vendedores de asado, un transportan sus bandejitas con chorizo, morcilla y mandioca. Ahora comprende el viajero la mugre de los asientos.
Las gentes se conocen y charlan en guaraní mientras comparten su tereré. Observan al viajero y le sonríen. Al tiempo comienzan a entablar conversación con él. Le preguntan de que parte de España es, casi todos le dicen que tienen familia en Barcelona  o en Madrid.
El viaje se alarga y llegan a Encarnación. La mayor parte de los viajeros se bajan y vuelven a incorporarse otros tantos que van a Ayolas.
Al llegar a un punto de la carretera, el chofer y el revisor se bajan dejando a los pasajeros en el autobús. El viajero va al baño y, de camino, descubre que se han parado a comer (¡con dos!). Les desea buen provecho.
Al final el viaje ha costado casi diez horas.

Sábado 03/03/2012. El supuesto pescador de mosca, que que iba a llevar al viajero en el bote a los lugares de pique del dorado, no aparece en el lugar acordado. Durante la espera se presenta un bote con un pescador de red. Le pregunta si sabe algo;  responde que él ha estado pescando a la noche y que no sabe nada, aunque a veces suelen encargarle que lleve a turistas a pescar (huele plata; se percibe el hociqueo). Se ofrece a llevarle y, sin más alternativa, el viajero acepta.
El bote, de equilibrio inestable, es absolutamente artesanal, hecho de madera y con constantes filtraciones de agua que hay que achicar a cada rato. La ilusión por atrapar un dorado hace que el viajero minimice los riesgos.
José es un muchacho de treinta y cinco años que, según relata, tiene cuatro hijos la mayor de dieciséis años y ahora está con una mujer que tiene otros cuatro hijos. Trabajó en Ciudad del Este, en la aduana, de donde procede y donde, según dice,  ganó mucha plata. Habla de su familia y se le ilumina su rostro cuando habla de su pequeña. Se casó a los 16 años con una muchacha de 15. A pesar de su juventud ha vivido intensamente, ha tenido varias mujeres y la actual le pasa varios años. Su hijastro mayor aparenta tener pocos años menos que él.
Lleva toda la noche sin dormir, pescando y no le vence el cansancio acumulado remando animosamente contracorriente para ir a los lugares de pique. No sabe nadar, confiesa.
Los dorados no entran, tampoco los pirapitá atacan a la mosca. Solamente pican a maíz cocido.
Invita al viajero a su chacra en donde tiene construída una caseta de madera rodeada de cultivos de bananas, maíz y mandioca. Nada más llegar, prende fuego a las hierbas secas. El viajero le pregunta si no hay riesgo de incendio y se sonríe mientras continúa su labor. Comen unas milanesas de estómago de ternera con mandioca y vuelven a intentar infructuosamente agarrar algún dorado.
Al atardecer retornan a un embarcadero, toman una cerveza y un vecino suyo les transporta hasta el hotel en su viaja camioneta.
Tras cambiarse de ropa el viajero se va al embarcadero próximo al hotel,  se encuentra con Gerónimo y le comenta no se había presentado el pescador de mosca tal y como habían acordado,  . Se ofrece a llevarle a lugares de pique al día siguiente, en las correntadas. El viajero evalúa, aprecia que el tipo parece entender, y acepta. Además, para paliar el plantón, le rebaja el precio.



Domingo 04/03/2012. Muy temprano salen hacia las corrientes donde se supone se encuentra el pique de dorados. Gerónimo se conoce bien el río, cada piedra y cada pozo. Para la barca en los lugares apropiados y comenta que el río ha bajado mucho por la noche. Se comunica con la prefectura y le informan que el río ha bajado 60cm.
- ¡Mal asunto! - exclama el barquero -.
- Cuando baja el río los dorados no pican. Sentencia convencido.
- ¡Qué le vamos a hacer!- Responde el viajero resignado -.
No obstante Gerónimo se esfuerza por agradar y le lleva a los mejores sitios.
El viajero ensaya con todas las moscas que ha preparado. Consigue avistar en una correntada un grupo de bellos ejemplares que hacen caso omiso de las moscas y de los señuelos que lanza Gerónimo.
Un par de picadas de pirapitás que no llegan a engancharse y, a la vista de los malos presagios, el viajero decide dejar para otro momento y en otro lugar la captura de los caprichosos dorados.
Vuelta al hotel, desayuna y con la mochila al hombro se decide a ir caminando hacia la playa municipal de Ayolas.

La caminata se hace eterna, la población es muy extensa y tiene que recorrer varios kilómetros hasta llegar a su destino. El sol calienta el termómetro marca 38 grados, agotado, casi exhausto, consigue llegar a un pequeño restobar en el que reponer fuerzas y tomar agua para no deshidratarse, traspira por todos los poros de su cuerpo.
Tras el descanso reparador todavía debe recorrer otras diez cuadras sin apenas sombras donde refugiarse hasta llegar a la playa. Se sienta en una mesa y pide agua en el chiringuito. Saca su portátil, en la playa hay WiFi gratuito y aprovecha mientras descansa a la sombra y con una ligera brisa para actualizar el blog.
Al atardecer regresa al hotel. Debe caminar de nuevo. No encuentra ni un taxi en la terminal de omnibus próxima a la playa. Un conductor de  le dice que el autobús de regreso a Asunción sale a las 8:30.
Agotado y sudoroso llega al hotel, se da una ducha y descansa.

Lunes 05/03/2012. Prepara el equipaje, desayuna, paga su cuenta y sale con el tiempo justo para tomar el bus en una esquina, a unos doscientos metros del hotel. Cada vez que debe transportar su equipaje se acuerda de su idea inicial, absolutamente incumplida, de viajar con una mochila y escaso equipaje. Pero se le ha ocurrido llevar todo el equipo de pesca y viaja con dos maletones que le amargan los traslados.
Debe esperar media hora antes de que aparezca el bus. Este resulta un poco mejor que el que le ha traído desde Ciudad del Este. Pero la situación es similar. Paradas constantes para recibir a nuevos viajeros que, a veces, deben hacer trayectos de pie. El viajero debe ceder su asiento a embarazadas con niños en brazos y permanecer levantado hasta que en la parada siguiente bajan algunos ocupantes. Entran los vendedores de chipa, los carameleros, los del periódico y aquello en ocasiones parece una película de los hermanos Marx.
A las  seis horas de viaje llega a Asunción y toma un taxi hasta el hotel. Deshace el equipaje y sale a tomar algo. El calor aprieta de nuevo y se retira de nuevo al hotel. Contacta con Osvaldo Salerno y se encuentran junto con Gonzalo en un restaurante para charlar mientras picotean algo para cenar.
Osvaldo y Gonzalo le llevan de nuevo al hotel, al llegar Osvaldo le regala una gorra de recuerdo del bicentenario de Paraguay. La foto de rigor y se despiden hasta otra ocasión.

Martes 06/03/2012. La idea de contactar con José Gómez, Susana Salerno, Cancio Fleitas, Ines Ríos y Gloria Paiva le ronda por la cabeza, pero el calor reinante le ha sumido en la pereza más absoluta y aplaza para más adelante las llamadas. Sale de nuevo a recorrer las calles céntricas para tomar sus últimas fotos de Asunción y se encamina al puerto. Esperando a la barquita que le trasladará al otro lado del río se encuentra con un señor al que por su acento identifica como vasco y se dirige a él.
- Usted por el acento no es de aquí. - le dice el viajero -.
- Usted tampoco. - responde el señor -.
- Yo soy de Pamplona.- aclara el viajero -.
- Y yo de Mondragón. - replica el señor -.
- Pues del pueblo de mi mujer: Acedo, hay varias personas que se fueron  a vivir allí. - informa el viajero -.
-  Acedo... Acedo... Yo conozco a un muchacho pequeño que trabajaba en la Mercedes. ¿Cómo se llama?... ¡Ah sí, Alfonso! - le dice el de Arrasate -.
- ¡Cóño! ¡El Alfonsito! - exclama el viajero -.
- Dale recuerdos del pescatero cuando lo veas. De Juan.
- ¡Claro que se los daré! ¡Qué casualidad! Encantado Juan. Yo me llamo Luis. Luis Garín.
La conversación continua y Juan explica que lleva varios meses en Asunción y que está tratando de montar un negocio de importación de aceite de oliva. Charlan durante un rato, se intercambian los teléfonos y se despiden al llegar al otro lado.
Un breve paseo por la orilla del río disfrutando de la vista de Asunción y vuelta a la ciudad.
Después de comer retorna al hotel. El calor se hace insoportable y con el aire acondicionado se repone y decide trabajar un poco colgando mensajes en el foro de una de las asignaturas de la UNED.
Sale entrada la tarde. El calor continúa pero, al meterse el sol, se hace más soportable. Toma un tentempié para cenar y hace unas fotos nocturnas de los edificios iluminados.
Se retira a escribir esta crónica y ha preparar su próxima etapa a Concepción.












Miércoles 07/03/2012. Salida de Asunción en ómnibus hacia Concepción. Siete horas de viaje. El bus es cómodo y limpio y el viajero puede echar algunas cabezadas que le hacen resistir mejor la larga duración del trayecto. Por suerte ya no le ocurre como antaño que le era imposible conciliar un sueñecito sentado. Posiblemente sean las cosas de la edad, piensa.
El hotel que ha reservado es caro. El taxista que le traslada desde la parada le dice que es el mejor de la ciudad. La habitación es muy confortable y desde ella se puede acceder directamente a la pileta. Pero, como ya viene siendo habitual en él, no consigue conectar a internet. Se mosquea. Piensa que debe tener cara de tonto y le asignan habitaciones sin cobertura.
Se da un paseo por el centro de la población. Hace un calor de los demonios. Ya está de noche y el termómetro marca 33 grados.
Llama su atención la cantidad de motocicletas que circulan. Por prudencia se limita a pasear por la calle principal. De vuelta observa que ya funciona internet.
Jueves 08/03/2012. Nuestro viajero ha perdido la esperanza de poder remontar el río Paraguay hasta Corumbá a través del Pantanal. Se fue al puerto y preguntó por doquier, pero todos negaban con la cabeza. Los más mayores recordaban con añoranza la llegada de el barco Mariscal López a puerto. Los más optimistas resuelven que ahora tenemos buena comunicación por carretera y resulta más eficiente.
Eso le hace meditar de nuevo con nostalgia: "tempus fugit" ¡Hace tiempo que dejaste de ser un chaval! Aunque los viejos rockeros nunca mueren, los trenes y los barcos cumplieron su función en tiempos pretéritos y ahora, en el mejor de los casos, se han reconvertido en restaurante - museo en los puertos, o en una colección de chatarra oxidada. Tempus fugit, se repite a sí mismo, tempus fugit.
En el puerto apenas hay mas actividad que la de un barco que transporta cal desde Asunción y los barqueros que trasladan a remo al paisanaje que vive al otro lado del brazo del río.
La vida en la ciudad transcurre lenta y tranquila, las pocas personas que caminan, tratan de sortear el sol y acomodar sus pasos bajo la sombra de los magestuosos chivatos que se enseñorean mostrando con sus enormes vainas y de algún jacarandá. El viajero ya distingue los dos tipos de árboles tan parecidos en sus hojas: la semilla del chivato se semeja a una vaina de alubia gigante y el jacarandá tiene la vaina más redondeada.
Únicamente la calma reinante se ve turbada por el deambular constante de las motocicletas, sin duda el vehículo de transporte más abundante entre los concepcioneros. Todavía se ven carros tirados por dos o tres caballos que llaman la atención de nuestro paseante.
Escolares del colegio salesiano de Concepción
El calor aprieta y considera razonable retirarse al hotel. De camino pregunta a unos escolares que salen del colegio por el museo en donde se muestran obras de Carlos Colombino, oriundo de este lugar. Al parecer aquí también se ha producido un fenómeno similar al ocurrido con la educación española de los últimos tiempos: las denominadas víctimas de la ley de educación. Nadie del grupo de alumnos sabe nada de Colombino y tampoco de la existencia de museo alguno. Un profesor que se encuentra en la puerta reconoce resignado la ignorancia de las nuevas generaciones al respecto y le indica el lugar del museo.
Gladys Gaona:
 Sobre su cabeza y a su derecha una de sus obras
De camino observa una galería de arte: Arte Libre, que ya ha cerrado sus puertas. Desde el otro lado del cristal el viajero hace señales de preguntar y una amabilísima señora le indica el lugar exacto en donde se ubica el museo. Le invita a entrar en la galería en donde muestra obras de Carlos Colombino, Ricargo Migliorisi y otros autores que el viajero no conoce: Jara, Cañete, Fretes, Ortigoza, Toranzos, Burt, Ferreira y la mismísima Gladys Gaona.
La conversación con Gladys se hace muy amena. Se le ilumina el rostro cuando habla de la cultura de Concepción y de la cantidad de artistas plásticos de renombre que esta ciudad ha engendrado. Muestra con cariño una pequeña biblioteca que ha ido creando poco a poco para préstamo gratuito. Y expone con ilusión su sueño del renacer de las ciudad a la cultura. En su sencillo y elocuente discurso traslada su amor por el arte y la cultura.
Al llegar al hotel observa en uno de los muros del hotel una obra de Carlos Colombino.


Viernes 09/03/2012. Último día en Concepción. Visita al museo de arte en el que se hayan varias obras de Carlos Colombino. Comida y descanso en el hotel y un breve paseo al atardecer por el puente para ver el río Paraguay desde arriba.
Amablemente Amilcar, un muchacho que trabaja en el hotel Concepción Palace, un magnífico establecimiento hotelero que reúne todas las comodidades y ha servido de oasis de paz para el viajero.
El viajecito en motocicleta ha resultado muy placentero y Amilcar maneja con gran habilidad el vehículo sorteando vehículos y baches.














Sábado 10/03/2012. Salida de Concepción en dirección a Filadelfia, muy temprano. La sorpresa surge cuando un pequeño autobús que tendrá pocos menos años que los que el viajero ha vivido, completamente destartalado, oxidado, mugriento y con unos estrechos asientos cuyos reposabrazos han perdido por completo la tapicería y que únicamente mantienen su estructura de hierro se presenta en la parada convenida. El cartel pegado en el cristal con una cinta adhesiva que, años antes debía ser transparente indica con letras hechas a mano Filadelfia.
Como viene siendo habitual en él ante las frustraciones, se carcajea para sus adentros diciéndose a sí mismo: ¡Qué fuerte! ¡Qué aventura! Como es lógico, dada la avanzada edad del trasto, no hay aire acondicionado. ¡La cosa promete!. El maletero consiste en una baca en la que atan el equipaje con cuerdas y dado el volumen del equipaje que nuestro paseante arrastra consigo como dos pesadas cruces camino del calvario necesita la ayuda de dos personas para poder alzarlas.
Se acomoda en uno de los asientos y se dedica a observar a los pasajeros. Le asombra la paciencia infinita con que la gente se toma el viaje. Adelante una mamá con dos niñas sobre sus rodillas, a su lado un muchacho delgado y de rostro enjuto con duras facciones y el pelo con corte de tipo militar que deja bajo su asiento un bolso que le impide colocar las piernas en el hueco. Rostros toscos, rudos, quemados por el sol, inexpresivos. Apenas intercambian palabras entre ellos. Se limitan resignados a soportar el viaje hasta su destino.
Las paradas se suceden, un cruce entre la carretera y un camino de tierra roja sin sombra alguna para cobijarse es la parada habitual. La carretera mal asfaltada y repleta de baches que provocan saltos sorpresivos sobre el duro asiento.
De repente, el viejo cacharro se para y el chofer y el ayudante sacan una llave para sujetar los tornillos de la rueda delantera izquierda. Nadie dice nada, nadie se sorprende.
Al menos cinco paradas para apretar los tornillos, deben tener la tuerca corrida piensa el viajero. Nadie dice nada, nadie se sorprende. Al otro lado de la carretera circulan dos colectivos juntos de la misma compañía  a los que el chofer les dirige unas palabras en guaraní. El viajero observa que el segundo de ellos está siendo transportado porque se encuentra averiado.
– Solo falta que este trasto corra la misma suerte y nos quedemos parados aquí en medio del chaco con un sol de justicia esperando ser remolcados. Se dice a sí mismo. Nadie dice nada, nadie se sorprende.
Tras ocho horas de incierto viaje, ¡al fin!, llegamos a Filadelfia. El bus se para en una especie de patio cubierto de tierra y arena con varios colectivos casi tan viejos como el que ha conseguido llegar a su destino.
-  ¿Es esto la terminal?  Pregunta el viajero sorprendido al señor de al lado.
-  Esto es señor. Le responde con expresión que indica sorpresa por la obviedad.
La bajada de las maletas tiene su aquel. El ayudante del chofer las lanza desde arriba y cada pasajero debe recogerlas casi al vuelo. Haciendo un gran esfuerzo por el volumen y el peso del equipaje el viajero consigue que no caigan al suelo. Nadie le ayuda. Pregunta por un taxi y le dicen que no hay. Vuelve a preguntar por un hotel de mennonitas y el ayudante del chofer le dice el Hotel Florida en donde hemos parado antes.
¡Joder! Exclama el viajero para sus adentros. ¡Eso me pasa por no haber preguntado antes!.
Resignado, agarra los maletones y por las calles arenosas trata de arrastrarlas, las ruedas se clavan, son las tres de la tarde, el sol cae de plomo y se siente como los colonos que llegan por primera vez a su anhelada tierra. No hay una puñetera sombra y nadie camina a esas horas por las calles.
Llega agotado al hotel, hay habitaciones, aire acondicionado y piscina. Se da una ducha, acomoda el equipaje y se embadurna de repelente. A pesar de las mosquiteras en las ventanas hay una buena colección de ellos dentro de la habitación. Toalla en ristre se dedica a la caza.
















6 comentarios:

  1. Luis : Ahora si puedes decir que has pescado !!! Vaya con los dorados y los tiras al rio. Con lo bueno que son a la brasa!!!!!!!

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  2. Entre las moscas que te prepara Lisandro y a los sitios que te ha llevado Vicente, me parece que te lo han puesto como a Franco, solo te faltaba el submarinista poniendo el dorado en el anzuelo. ¡Qué bien te lo estás pasando! Aprovecha y disfruta.

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  3. UUUUUUUFFFFF!!!!!!!!!POR FIN LLEGA LA RACHA DE PESCAR...UUUUUUU QUE EMOCIÓN PAPA!!!JAJAJAJAJ.JOE MANDA UNA DE ESAS POR E-MAIL O POR FACEBOOK, MMMMM!!!

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  4. Que viajesito Amigo Mio!!!, "Ayolas" interesante destino!!!
    Espero que estés muy bien y hayas salvado todos tus miembros.
    Ya se te extraña Vasco querido; a ver cuando volves, y con la Patrona he!
    El año que viene, si la naturaleza quiere, te espero con un buen vino y augurios de buena pesca.-
    (CUÍDATE MUCHO por ahí) y adelante con tu emocionante Aventura, desde mi oficina te sigo cada letra.
    Mucha Suerte y Fuerte Abrazo !!
    Lisandro

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  5. Luis Bienvenido al Chaco. Saludos a lon mennonitas. Vaya "colectivo" Tienes mas moral que el "alcoyano" Menos mal que te espera "LOS TAJIBOS ""

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